miércoles 28/10/20

Los países frugales

no es cierto que a Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia, los llamados países frugales, les ciegue el egoísmo. Antes al contrario, pretenden convencer a las naciones del sur de Europa, las que peor lo van a pasar a consecuencia de los estragos económicos de la pandemia, de las bondades de la frugalidad.
Lamentablemente, los gobiernos de esos países parecen ser, además de frugales, un poco bestias, y la fórmula que proponen es la de prescribir a los que van a pasar hambre, encima, una dieta draconiana.
A los países frugales cabría, pues, llamarles de una forma algo menos elegante, o, cuando menos, a sus gobiernos. Tal vez ignorantes, o suicidas, pues, imbuidos de ese perverso clasismo que considera a los pobres como seres inferiores, absurdos y necesitados de látigo, criminalizan su necesidad calificandola de vicio, sin reparar en el hecho de que de la solidaridad entre los miembros de la familia europea depende enteramente el futuro de ésta. O dicho de otro modo, menos fino pero más llano, si España, Portugal o Italia se van a la mierda, la Unión Europea, y con ella los frugales, se van con ellos.
Andan los países frugales regateando las ayudas para la reconstrucción europea pos-Covid, adelgazando las transferencias a fondo perdido y engordando los préstamos puros y duros, como si lo que recibamos finalmente nos lo fuéramos a gastar en vino.
Hay en esa actitud, además de racanería, bastante de puritanismo, aunque, para ser sinceros, la corrupción y el dispendio que se ha dado en nuestra clase política no contribuye gran cosa a modificar la opinión que esos frugales se han ido formando de nuestra administración y de nuestras instituciones.
Sin embargo, y pues para evitar la mangancia y el derroche de pólvora del rey basta con un control exhaustivo y minucioso del destino de las ayudas, esos melindres de los ricachos, frugales pero ricachos, se corresponden más bien con una débil comprensión de lo que significa, para bien de todos, el apoyo mutuo. Por lo demás, ahí tenemos a ese Mark Ruutte, el jefecillo de los frugales, que parece disfrutar mientras nos extiende la receta de bajar los sueldos (¿más?) y miserabilizar las pensiones. No se puede ser más frugal, ni más... Me callo.  

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