• Lunes, 24 de Septiembre de 2018

Sísifo y la pseudociencia

Distinguir ciencia de pseudociencia no siempre es una tarea sencilla.

Distinguir ciencia de pseudociencia no siempre es una tarea sencilla. Muchas veces la segunda se disfraza, adoptando códigos y apariencias de la primera, para engañar y lograr esquivar los filtros que establecen que nos creemos y que no. 
La falta de cultura científica en nuestro país tampoco ayuda mucho a la causa. No saber que es necesario para que algo pueda ser considerado ciencia o no es un hándicap importante. 
Y hace que al final se acabe poniendo en la misma balanza homeopatía y terapia génica, por poner un ejemplo, para desánimo de muchos investigadores y divulgadores que se ven como Sísifo, luchando una y otra vez con la misma roca que acaba al pie de la montaña, por mucho que uno se esfuerce en mantenerla en la cumbre.
Lo más terrible es cuando estas pseudociencias consiguen encontrar un espacio dentro de entes a los que se les presupone cierto rigor a la hora de dar cabida a contenidos. Uno de ellos es sin duda RTVE, donde el carácter público de su financiación obligaría a pensar que los filtros deberían ser más severos que en otros medios. Sin embargo, esto parece que no siempre es así. 
En sus programas más de una vez se han colado patrañas pseudocientíficas, como cuando Mariló Montero sin rubor afirmaba que el aroma de un limón podía curar el cáncer. Estas pseudociencias se mezclan a veces con mensajes que alientan falsos debates, como aquel que recurre una y otra vez a intentar establecer la relación causal entre vacunas y autismo. Algo que otro presentador, Javier Cárdenas, volvía a resucitar hace no mucho, a pesar de que la comunidad científica está cansada de repetir que dicha asociación es totalmente falsa.
Es cierto que luego, ante el clamor de la comunidad científica, han entonado el mea culpa y pedido disculpas, pero el daño ya estaba hecho. 
Estas pequeñas “tonterías” son al final mucho más significativas de lo que pueda parecer, porque acaban calando mucho más hondo de lo que nos imaginamos. 
Pocos son los que luego se enteran de que se ha rectificado aquello que en su día se explicó en horario de prime time, porque la nota no ocupa el mismo espacio de importancia. 
Pero todo esto se arreglaría si en la escuela nos enseñaran un poco más de lectura crítica y cultura científica. Sobre todo, para no tener que lamentar luego que alguien se muera porque ha preferido oler un limón que tomarse una pastilla de quimioterapia.