• Martes, 18 de Septiembre de 2018

Brotes epidémicos

En lo que llevamos de año se han producido en Europa 41.000 casos de sarampión.

En lo que llevamos de año se han producido en Europa 41.000 casos de sarampión. Casi el doble de los que hubo en 2017, cuando ya se había incrementado en un 450% la cifra con respecto al 2016, que terminó con tan solo 5.237 personas infectadas de esta enfermedad. En este medio año que ha pasado, el sarampión se ha cobrado además la vida de 37 personas, más que en todo el 2017. Estas cifras han hecho que la Organización Mundial de la Salud haya decretado un estado de alerta en Europa por un brote de sarampión.
Entre los países más afectados está Ucrania, con más de 23.000 casos. La crisis de confianza de la población con respecto a las instituciones se señala como uno de los posibles motivos para la caída en las tasas de vacunación del país y este elevado número de casos. También en Rusia, Georgia y Serbia hay muchos infectados. Y dentro de la Unión Europea destacan países como Grecia, Italia y Francia. Si bien en el caso de los helenos los recortes en la sanidad, consecuencia de la crisis, son el factor principal en la caída de la vacunación, cuando hablamos de Italia y Francia son los movimientos antivacunas los que están causando estragos, al igual que en Alemania.
¿Y mientras tanto que pasa en España? Pues que tras 36 meses ininterrumpidos sin infecciones autóctonas de sarampión se considera que la enfermedad ha sido eliminada en nuestro territorio. Por aquí las cifras de vacunación están todavía muy altas, por encima del 95 por ciento. Pero los expertos avisan que los antivacunas existen y son cada vez más. Curiosamente su perfil suele ser el de personas de nivel sociocultural elevado, que en la mayoría de los casos están mal informados y que no aceptan de buen grado ser corregidos en sus creencias. Aún así, por ahora el principal problema que tenemos aquí es el de los colectivos que no tienen acceso al sistema sanitario.
Aun así no debemos dormirnos en los laureles. Existe una idea cada vez más extendida de que el sarampión no es una enfermedad tan grave y que la necesidad de vacunarse está sobrevalorada, haciendo demasiado hincapié en unos efectos secundarios que en nada pueden ser comparados con las consecuencias reales de una enfermedad que puede llegar a ser mortal. Así que toca arremangarse y explicar las veces que haga falta que el sarampión sigue ahí y que la mejor arma de la que disponemos en la lucha contra esta enfermedad es la vacuna.