jueves 17.10.2019

Pucherazo

Estaba visto que llegaríamos a esto y, de igual manera que se sentencia prisión incomunicada cuando un caso así lo requiere, va a haber que inventarse “una caída de satélite”

Estaba visto que llegaríamos a esto y, de igual manera que se sentencia prisión incomunicada cuando un caso así lo requiere, va a haber que inventarse “una caída de satélite” (porque decir otra cosa sería políticamente incorrecto y se armaría...) para apagar temporalmente las comunicaciones internautas y que dejen de propagarse las ignominias con las que nacionalistas independentistas catalanes intentan alporizar a la comunidad internacional contra España.

Hay que parar este “macrorruido” y, de la misma forma que el juez con el mazo impone orden en la sala, un cabreado con mando al que se le estén recrestando los subordinados pega un puñetazo en la mesa para hacerse oír o el presentador de La Sexta Noche berrea que se callen los invitados porque, maleducados y cual gallinas cluecas, no hay Dios que los entienda por vociferar todos a la vez, hay que silenciar el juego ruin con el que está actuando el nacionalismo independentista catalán, si no cooperador doloso necesario, sí desde luego amparador y encubridor del juego tramposo de la banda “Puigdemont y cia.” y al que tan talibanmente contribuye una masa símil orquestada, escupiendo y propagando enconadamente consignas falsas respecto de lo que acontece.

Como para no apagarles el altavoz cual medida quirúrgica urgente, ya se está tardando, porque ahora los ofensores, aquellos que se pasaron la Constitución, su propio Estatuto, sus propias leyes del referéndum, por la entrepierna, se presentan como los ofendidos y el truco cala en una sociedad que hace tiempo viene recordando, en cuanto a cerebro se refiere, a la turba de la película Ágora o al mismísimo Hitler quien, incomprensiblemente, con una oratoria, tornillos flojos y gestualidad propia del ser paranoico que era, convenció a una gran masa de la superioridad de la raza y todas sus majaderías.

Y todo empezó, en los hechos más recientes, por reclamar un inexistente “derecho a decidir”, del que el socialista Pablo Arangüena, abogado, dice con mucha gracia que “no existe ni aquí ni en Tombuctú y, lo que es más importante, no debe llegar a existir jamás para evitar que todos los ricos del mundo quieran separarse de los pobres, causando a la vez injusticia y desorden”. Y, por si alguien confunde conceptos, también se refiere a la Ley de Claridad canadiense: “y el que quiera, que se separe; y el que quiera separarse del separado, que se separe a su vez, formando subcataluñas; pero la sociedad de gananciales la liquidamos bien liquidada y vuestra parte de la deuda os la coméis con patatas. Ya veréis qué bien” (en relación a esa posibilidad abierta por la ley canadiense, que multiplica separatismos).

Montaron esos catalanes su referéndum y a pesar del circo, de urnas ya previamente mediadas de papeletas, de votar por duplicado, de la ausencia de censo y del recuento a tanto alzado y a ojo de buen cubero, el “Govern” tuvo la inmoral cara dura de dar por buena la jornada y el resultado. ¿Qué legitimidad les da semejante pucherazo? Ninguna. Pues con esa parodia por montera, una jeta de titanio y secundados por las hordas humanas seguidistas, le echan el pulso al Estado sin dejar de mentir como bellacos en ningún momento: en plan goebbeliano, llaman “presos políticos” a quienes vulneraron gravemente la legalidad vigente siendo por ello encarcelados. No por expresar opinión alguna, como torticeramente repiten falseando la verdad, ni por ejercer ningún derecho; no. “Por delinquir con ocasión de” y punto, lo cual es muy diferente. Sin embargo este sábado, en Barcelona, una marea humana ¿manipulada emocionalmente? recordaba las masas enardecidas hitlerianas, portando los cartelitos alusivos a los Jordis como “presos políticos”. Alucinante.

En la asociación de estudiantes universitarios a la que pertenecía teníamos un líder muy simpático... Tras sonoras derrotas electorales para ocupar puestos en los claustros, siempre aparecía victorioso diciendo “¡Hemos arrasado!”. Flipábamos. Qué prodigio de tergiversar la realidad en su mente ¿enferma? Unos estábamos informados, por estar en el ajo; el problema lo teníamos con quienes, no teniendo esa información de primera mano, creían a pies juntillas en su ¿delirante? palabra y no había manera de hacerles ver que con sus majaderías estaba llevando a la asociación a tener un papel residual y languidecer hasta desaparecer, como así sucedió porque aquella mayoría era incapaz de analizar por sí misma la situación. ¡Cómo me recordó esta manifestación aquellos tiempos!

Intolerable permitir, por más ruido que hagan, que impongan sus argumentos, basados en actos jurídicos nulos, mentiras y datos falsos. No se olvide esto. La carta con la que Puigdemont contestó a Rajoy demuestra que con tanto buenismo se ha dejado engordar el problema y que mejor hubiera sido haberlo atajado al inicio, con el mismo par de huevos que le están echando ellos. Con todo el peso de la Ley con con todo lo que la Ley permita. ¡Menuda lección! Con tropa como esta, tolerancia cero desde el minuto cero. Precisamente en defensa de la democracia, ya que tanto les gusta mencionarla; por eso mismo. Para prevenir que cunda el ejemplo de que montando la de Dios es Cristo es posible reventar la paz social que tanto costó forjar.

La votación que proponen ahora, contestando la aplicación del artículo 155 CE, tiene la misma validez que si amotinados del Penal del Dueso y de Soto del Real votan declarar que el Código Penal no les es aplicable y, por consiguiente, están todos libre. Ea, con un par!! “Quien permite el desorden para evitar la guerra, acaba teniendo el desorden y la guerra”, dijo Maquiavelo.

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