miércoles 16.10.2019

Maldita partitocracia

Los pueblos estarán mucho mejor cuando den la espalda a cualquier religión

Los pueblos estarán mucho mejor cuando den la espalda a cualquier religión, sea la que sea; sólo se trata de una estafa social alejada totalmente de la razón y de los verdaderos valores humanos. Hoy en día nadie necesita creer en seres imaginarios e imposibles para entender la realidad del mundo y el universo que nos rodea”. 
Suscribo la frase, de una tal Evangelina; pero discrepo en lo de que “nadie necesita creer” Pocos necesitan creer, pero habelos, háilos. 
Y frente a la tentación de decir que cuanto más ignorante sea un pueblo, más cree y procesionea imágenes, se impone la realidad: la de que también en la clase social más acomodada y en la de formación intelectual más trabajada hay quienes necesitan creer y creen, ¡vaya si creen! Colegios de élite, Opus, rituales de masones y similares. 
¿Qué porcentaje es mayor, el creyente o el  descrito por Evangelina? Viendo la desoladora actualidad, tal parece que el primero. 
Entrevistado recientemente el diputado constituyente Ortí Bordás, sostiene que la democracia representativa ha muerto en Europa desplazada por la partitocracia; son los partidos los que toman las decisiones (mandados) y estas son transmitidas por los grupos parlamentarios; de arriba a abajo. 
Esta partitocracia desemboca (por propia inercia) en un absolutismo, convirtiéndose en (odiosos) fines y centro de la vida política, a la que dominan por completo, siendo su nota más carácterística el que no se esté gobernando para la gente. Ahí queda eso. 
¿Tal vez esto explique que por más que se desgañite el electorado, nada consiga? Se quejaba el viernes en la tele Juan C. Quer, a propósito del caso del violador del estilete y la reincidencia de no pocos casos en violaciones y asesinatos, que ante la petición de la no derogación de la prisión permanente revisable (con más de millón y medio de firmas conseguidas en tan sólo una semana), la casta política al unísono le contestó “que ahora no toca” ¿Es por eso por lo que no son atendidos los problemas acuciantes que nos importan más que el culebrón Puigdemont con el que nos anestesian? 
¿Puede el ciudadano rebelarse? Aunque parece que hay votantes con una inteligencia tal que aunque sean maltratados justifican a sus verdugos y aún bajan gustosos los pantalones. Si no, no se entiende que media España no se haya levantado ante sucesos como el de Julia y Encarna, las dos hermanas ancianas obligadas a vivir en residencias distintas para que Encarna no perdiese la pensión no contributiva percibida, 380 euros, con la que precisamente pagaba su Residencia de Mayores, porque la administración consideró que viviendo ambas en la misma residencia constituían una misma unidad familiar y sumando así los ingresos de ambas, superaban el umbral exigido. 
Total, que Julia, 94 años, cadera rota, decidió volver a su casa para no perjudicar a su hermana, de 83, no pudiendo compartir los últimos años de su vida.  
El gobierno popular (cuyo ministro de Hacienda es quien por la vía urgente del decreto-ley aprobó la ley de amnistía que permitió a famosos defraudadores como Bárcenas, Granados, López Viejo, Rodrigo Rato,... regularizar el patrimonio y que el T.C. declaró inconstitucional sólo por tramitarse como decreto-ley tratándose de tal contenido, si bien también advierte que “en lugar de luchar contra el fraude fiscal, se aprovecha del mismo para obtener unos ingresos (...) legitimando así la conducta de quienes de forma insolidaria incumplen su deber de tributar”)  vetó una proposición de ley del grupo parlamentario socialista para evitar estas situaciones, con el argumento del “incremento presupuestario que supondría la medida” ¿No es para volverse repartidor de guantazos?
¿No les hierve la mala leche ante la repugnante hipocresía existente, instalada en todos los estamentos que  con nuestros impuestos nos vemos obligados a sustentar mientras, machaconamente, nos insisten con la idea de que estamos en un país donde la igualdad, la justicia y las obligaciones son para todos los ciudadanos iguales? Sí: el salario mínimo de un trabajador explotado de los cientos no amparados bajo el manto de la empresa pública y sus “poderosos” sindicatos asciende a 648 euros al mes, mientras que las dietas de comida de un diputado cualquiera de los que van a dormir o pasillear ocupado en asuntos internos del partido asciende a 870€ y aún querrá presentarse como persona honorable y respetable, pretendiendo seguir gozando de la confianza ciudadana para que le siga corriendo la manteca. ¿Cómo consentimos seguir manteniendo tanto inútil? No tengo respuesta.
¿Y la costosa duplicidad de administraciones que tanto reparto de tarta proporciona? Una carretera pertenece al Estado, un camino a la Diputación, una corredoira al Concello, muchos puestos de trabajo creados mayormente para repartirse entre ellos con una oposición amañada o a dedo pero finalmente el bache sigue ahí, siglos, añejo.
Dice un tal @joluanguita en las redes que “el dinero de los impuestos y su aplicación debe ser explicitado; que nunca se pagó tanto a cambio de tan poco”. Y que “mientras seguimos anclados en un maniqueismo que cada vez crea más fractura otros, paradójicamente menos inteligentes, aprovechan el río revuelto y saquean a una sociedad anestesiada por siglas y fanatismos...”, tanto religiosos como políticos, añado yo y esto no admite más que un colofón: gracias a nuestra indolencia y voto, señores, imos de cú. 
El pasado día 20 de enero Julia falleció sola, sin la compañía de su hermana; la tercera, centenaria, había fallecido días antes de recibir Encarna de Hacienda la indignante p... notificación.
 

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