miércoles 20.11.2019

Ferrol é moito

El pasado 30 de septiembre Pía se acercó al Concello a interesarse por la tramitación de la tarjeta de “Autorización de Aparcamiento de Minusválidos” para la que tres meses atrás había depositado la documentación pertinente.

El pasado 30 de septiembre Pía se acercó al Concello a interesarse por la tramitación de la tarjeta de “Autorización de Aparcamiento de Minusválidos” para la que tres meses atrás había depositado la documentación pertinente. “No puede ser, lo llevamos al día”, exclamó sorprendida la funcionaria que la atendió y que por no ser la responsable del tema, no encontraba sobre la mesa lo que sin embargo sí le aparecía como tramitado y concedido en el ordenador. “Vuelva usted mañana”. No lo dijo pero a los efectos prácticos, como si lo dijera, si bien la informó de que tendría que ser la minusválida en cuestión quien tendría que recoger personalmente dicha tarjeta. “Pero espere a que la llamen por teléfono”. OK.
Veinte días después, no habiendo recibido telefonazo alguno, Pía llama al departamento correspondiente para interesarse nuevamente por la cuestión. “Ay... sí, sí..., disculpe; se me pasó. Puede venir a recogerla cuando quiera”. Y como un despiste lo tiene cualquiera, Pía se guardó el subfusil y la mala leche y a los casi cuatro meses después de depositar los papeles en registro, habiendo sido aprobada la resolución y firmada la tarjeta por el señor Alcalde en el mes de Junio, arrancó de la cama a la pobre minusválida para que fuese en persona a recoger la dichosa tarjeta tal como parece ser preceptivo, con 89 años, fracturada por doquier en virtud de atropello y artrósica perdida por lo que levantarse por las mañanas le supone morirse un poco más. Y bien, ¿no cabe preguntarse qué objeto tiene que tenga que ser la propia impedida quien tenga que desplazarse a la oficina, después de haber pasado todos los trámites periciales, certificados médicos del Sergas, exámenes de los facultativos de la Xunta, médico, psicólogo y trabajadora social? Una vez llegada al Concello la vio, si la vio, el guardia de la puerta y la administrativa que se la entregó. ¿Entón? Inexpliqueibol.
Igual que lo que sucede con las entradas del Teatro Jofre compradas on line. Si la venta de entradas es a través de servinova.com, de la antigua Caixa Galicia, hoy Abanca, una vez finalizado el proceso de compra se imprime el documento y éste es a todos los efectos la entrada con la que se accede al recinto sin más pues en él consta nombre, espectáculo, fecha, hora, precio, fila y asiento, además de un código de barras. Igual que los billetes de avión o de Alsa comprados a través de internet. Bien; pero si las entradas están a la venta a través de la web del Concello y a pesar de imprimir una factura en toda regla también con nombre, espectáculo, fecha, hora, precio, fila  y asiento, ¡esta solo le servirá para ponerse a la cola, papar frío y recoger a la antigua usanza la entrada comprada! ¿Razón? ¡Chi lo sa!
Ferrol é moito. Ya lo hizo tristemente famoso el no menos famoso allende el Padornelo departamento de Urbanismo, capaz de haber cabreado por igual a ciudadanos en general, constructores, inversionistas y emprendedores. ¡Meses! para dar una vulgar licencia a un pequeño negocio de peluquería que reabría donde  ya había habido otro negocio similar y únicamente requería renovar pintura por aquello de adecuarse al estilo actual y mejorar la fachada ampliando la ventana además de proporcionar el acceso libre de obstáculos. Los marearon hasta la extenuación y a puntito estuvieron de tirar la toalla e irse, claro, como no, a Narón.
El alcalde dice, no sin razón, que el resurgir de Ferrol es cosa de todos nós sin obviar que al Concello le compete una elevada participación y por ello prometió agilizar los trámites administrativos en su legislatura. Los ferrolanos somos como somos, o demo, ya, pero el Concello, políticos y funcionarios, tiene obligación de ser motor de algunos cambios y funcionar con paso axeitado lo cual no está sucediendo, soportando los ciudadanos, los grandes damnificados, el hecho de remar en distinta dirección.
Cuando Ferrol alcanzaba los cien mil habitantes, en el Concello había un centenar de funcionarios; hoy, con múltiples servicios subcontratados, ojo, y habiendo mermado la población en veinte mil habitantes, hay más de cuatrocientos servidores públicos. ¿Quién habla de atasco y dice que hace falta más personal? Más bien parece que por un lado hay falta de organizaçao y por el otro, políticos acoquinados. Viene de lejos.

Ferrol é moito
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