UN VIEJO VIOLÍN

“Voy a tocar mi última canción
y la voy a tocar caminando
Por el círculo fino de un aro de madera…”

Ahora, mientras contemplo el viejo violín que preside mi biblioteca de Santa Cecilia, este viejo violín que guarda el secreto de tantas melodías traducidas a través de sus cuerdas, viene a mi mente el recuerdo de otra vieja historia y de otro viejo violín, el de Wallace Hartley, el director de la orquesta que junto a otros siete músicos, Roger Bricoux, Fred Clarke, P. Taylor, G. Krins, T. Brailey, Jock Hume y J.W Woodward, protagonizaron la historia de amor convertida en leyenda de “ los músicos del Titanic”.
Mientras el agua iba tragando todo lo que encontraba a su paso y los botes salvavidas se iban alejando del barco para evitar ser volcados por los que desesperadamente luchaban por salvar su vida (esa que transcurre mientras estamos ocupados haciendo otras cosas), estos heroicos y nobles músicos tocaban en la cubierta compases de Strauss, Count Basie, Duke Ellington… en un acto de valentía ante el horror y el caos que se vivía aquel trágico domingo de abril de 1912. La historia se conoció a través del relato de una superviviente, Mary Hilda Slater, publicado en el Wocester Evening Gazette de Massachussetts.
La novia de Wallace le había regalado un violín con ocasión de su compromiso. La boda se celebraría a su regreso. Un regreso que nunca tuvo lugar, porque el músico murió (junto al resto de los integrantes de la orquesta y otros mil quinientos pasajeros) con su violín atado al cuerpo. Maria nunca se casó y conservó el violín y su estuche como si fueran piezas de un santuario.
Una protección que no impidió que el viajero instrumento siguiera su trayecto hasta que en 2006 alguien que prefirió permanecer en el anonimato lo encontró por casualidad en el ático de su casa.
Después  de que los expertos  verificasen  su autenticidad, el violín fue subastado en Inglaterra por un millón de euros…. Cifras por morir cantando a la esperanza!

UN VIEJO VIOLÍN

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