jueves 22.08.2019

Quo vadis, Galicia?

Xoán Antón Pérez-Lema en estas mismas páginas lo resumió el martes: las elecciones hundieron aún más a Galicia en la irrelevancia política. La historia viene de lejos: Fraga, que no era partidario de la España de las autonomías, presidió la Xunta de Galicia bajo un cartel que proclamaba “España lo unico importante” y su delfín restó importancia a lo que significaba la autonomía y, como su padrino, se quedó en un galleguismo de pulpo y pandereta como prueba de la diferencia entre nuestro país y Cataluña y el País Vasco, las otras dos autonomías, con rango de nacionalidad, que formaron en su día Galeuzca. 

Y mientras el PSOE se sitúa en primer lugar, cuarenta años después, en las preferencias de los gallegos y arrebata el liderazgo al PP en noventa y nueve ayuntamientos, perdiendo Feijóo la mayoría absoluta en un centenar de concellos, entra en liza Ciudadanos con un claro mensaje centralista y con algunas “perlas” en su programa como el no al AVE en Galicia y afirmando que el castellano está en peligro.

La división de la izquierda –por aquí Mareas por allá en Común, etcétera– ayudó lo suyo y perjudicó a muchos. El BNG, que subió en número de votos, sigue fuera de del Congreso donde fue la voz de la comunidad gallega, pues los otros parlamentarios anteponían, como Fraga en su tiempo, la importancia (escasa) de la patria nai. Y es que también el Bloque se vio perjudicado con el abandono de Beiras que arrastró a muchos y significó otro duro golpe al nacionalismo y no consiguió mucho provecho tampoco para Unidas Podemos, que, a su vez y queda dicho, sufrió una sangría con la decisión de En Marea de presentarse al margen de Podemos. En el pecado llevó la penitencia y se quedó sin representación. Hay que buscar ¿otro pretexto?, en una campaña polarizada por dos bandos –derecha e izquierda– que concentró el voto en el PSOE. 

Lo cierto es que Feijóo –con vistas al 26 de mayo– quiere curarse en salud y pide el voto a los de su entorno, a los hasta ahora rivales (incluye al centro izquierda) y rechaza cualquier veleidad con la derecha que abrazó Pablo Casado. Hay mucho camino que recorrer para encontrar un proyecto que transmita que Galicia precisa salir de la irrelevancia para que los gallegos disfrutemos de bienestar y dignidad (hago mío el párrafo anterior que cerraba el artículo del pasado martes de Xoán Antón Pérez-Lema) 

Quo vadis, Galicia?
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