sábado 21.09.2019

Nunca digas nunca jamás

Creo recordar que la frase publicitaba una de las películas de 007, espía con licencia para matar, pero vale para adscribirla a la muerte anunciada de la plataforma Podemos-En Marea, que, cada uno desde un rincón, pugnará por los votos de los gallegos.  Muchos recordamos el nacimiento del partido morado que, enseguida, se convirtió en una plataforma para los cabreados, hartos y críticos de los partidos tradicionales.  

Hay antecedentes, como en el caso del “Prestige”, que recomiendan la unión para conseguir un fin que beneficie a cuanta más gente mejor. Entonces la mayoría de los partidos políticos, excepto el PP por razones obvias, los sindicatos, los grupos ecologistas, las asociaciones vecinales, los colectivos profesionales, los jóvenes y los viejos, crearon la gran marea que se multiplicó día a día con la llegada de numerosos voluntarios de otros puntos de España y también del extranjero. 

Todo esto está todavía en la retina de nuestros conciudadanos, que dieron aliento a la gran plataforma ciudadana que al grito de “Nunca máis” recorrió calles y plazas de medio mundo. Algo parecido al “Sí, se puede”, otro grito emblemático que años después concitó a miles de personas, y que a día de hoy –aquí, en Galicia, y en otros puntos del Estado– significa la rendición de la izquierda en un momento histórico en el que la derecha –desde la tibia hasta la más radical– juega todas sus cartas, algunas marcadas, para no perder el poder que durante años y años ostentó de la forma que todos conocemos. 

No es un “mal español”, como aquella gripe que asoló Europa, sino un mal que recorre a la mayoría de los países europeos donde la extrema derecha es una preocupación y el peso (o valor) de las grandes empresas –eléctricas, bancarias, etc.– lleva a su sardina el ascua que aún queda en este doliente mundo que compartimos y que se ve amenazado por el cambio climático, por poner solo un ejemplo ahora muy debatido pero que entra en la lista de lo que nos acecha en el futuro. 

Resumo una frase de Víctor Lapuente en su libro “El retorno de los chamanes”: Asaltar los cielos es peligroso, pues volar muy alto quema como sabe Ícaro. Hay que forzar un equilibrio a través de la fuerza de la gravedad, que bastante quemados estamos. Y para eso, para construir una sociedad más igualitaria y justa,  necesitamos el consenso y pacto entre los iguales. Esos, exagerando, pobres del mundo. El común de los ciudadanos.

Nunca digas nunca jamás
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