Jueves 20.06.2019

Las manifestaciones

No se trata de contar las cifras (casi medio millón en Madrid, Barcelona y Bilbao, treinta y tantas mil en A Coruña, abarrotes en Compostela y Vigo y otros cientos de miles en las calles y plazas de España) sino de profundizar en las reivindicaciones del feminismo que, ay, en algunos sectores de la sociedad –la derecha, la extrema derecha y los medios que les acompañan– quisieron emborronar con sus críticas.
Pero, ¿hay alguien que se siente concernido si se criminaliza a un capitalismo obsceno, culpable de buena parte de la miseria que sufren miles de nuestros conciudadanos? ¿A quién le paree mal una rebelión contra el machismo casposo? ¿Por qué molesta un grito frente a la desigualdad laboral? O una protesta contra el tráfico de personas víctima de las guerras y miserias, que buscan en otros lugares paz, justicia y trabajo…
Cierto que, como apuntan muchos, fue una manifestación contra la derecha o, como titularon otros, mujeres frente la ultraderecha. Reflexionemos: las mujeres afiliadas a un sindicato pueden reivindicar, de manera especial, un mejor salario, una mejor sanidad y educación y si van solas –por cierto el 8-M iban acompañadas de miles de hombres– tienen que limitarse a las reivindicaciones “propias de su sexo”.
Pero al margen de la política para no ofender a los miles de retrógrados que aun circulan, pluma en mano por nuestro alrededor con el mismo casposo machismo de nuestro Roberto Alcázar local que –negro sobre blanco– acusa a las manifestantes de politizar sus reivindicaciones, repitiendo los argumento de las derechas. ¡Claro que son políticas y así fueron! y siempre serán como nuestro 10-M donde la clase obrera sale a la calle con sus demandas.
El feminismo es un asunto social que implica a hombres y mujeres y son necesarias como los paros y las huelgas para hacer visibles las reivindicaciones. Son tan políticas como las del “el feminismo liberal” o el fariseísmo del PP o el arcaico concepto que de la mujer tiene Vox.
¿Fue política la “mani” del domingo –“día da clase obreira galega”–. Había motivos: la desatención de las necesidades de en los Presupuestos Generales del Estado (2 de cada 10 euros para inversiones) en un país donde la crisis obligó a emigrar a miles de jóvenes y aguantar con trabajos precarios a los que se quedaron al tiempo que aumenta la pobreza infantil. Claro que eran políticas las manifestaciones. Y necesarias.

Las manifestaciones
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