martes 20.08.2019

Incontinencia verbal

Es un mal que sufren buena parte de nuestros políticos –de todas clases y colores– que se agrava en época electoral. Y no se trata solo de las promesas –un mundo de jauja, el vellocino de oro, etcétera– sino que incluye en el repertorio exageraciones, diatribas y acusaciones al rival, adobadas con datos falsos. 

Ya saben: ahora a todo eso le ponen nombre en inglés, lo etiquetan de “relato” o, sencillamente, lo dejan correr por si convence a alguien. Ahí está el señor Casado (el sábado en La Sexta) mintiendo en los datos, escapando de las preguntas incómodas.

Hay más ejemplos de responder con mentiras que cuelan verdades como puños, buscando el altavoz de los medios “amigos”. Aun así te enteras de que uno de los  fichajes de Ciudadanos (el de la Cola) afirmó hace tiempo, que lo mejor para Cataluña y España era una solución tipo Canadá. 

No se puede esconder que cuatro guardias civiles condenados por el 23-F fueron condecorados en nueve ocasiones: siete veces por Rajoy, una por Zapatero y otra por Aznar ni que el bufete que acogió a Sáez de Santamaria tiene siete demandas contra el Estado en los tribunales de arbitraje. 

Y te cuentan que la fundación donde Esperanza Aguirre “colocó al señor Abascal inició un estudio sobre dependencia valorado en menos de cincuenta mil euros para acabar pagando trescientos ochenta mil. También sabemos ahora que durante el año pasado fueron procesados por corrupción doscientos cinco ciudadanos, en su mayoría políticos y en número muy notable del PP.

Son datos contrastados y armamento que se arrojan unos a otros para llegar al “y tu más…”. Están luego las epístolas de los líderes a sus seguidores y la diferente acogida que tienen en cada medio. 

Es normal y un servidor defiende que circulen periódicos  monárquicos, televisiones de derechas y de izquierdas, pero dentro del código deontológico que es el único patrimonio de esta profesión. 

Hay que separar la información de la opinión, hay que contrastar las noticias, descubrir las mentiras –bendita hemeroteca que pone colorados a buena parte de nuestros representantes– no alentar los bulos y rebajar el ardor guerrero y la incontinencia verbal de muchos contertulios a los que se les nota en qué “equipo” juegan o quién paga su ficha. 

Solo hay que leer sus currículos. Y una obviedad: el periodista es aquel que cuenta a la gente lo que le pasa (e interesa) a la gente.

Incontinencia verbal
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