viernes 4/12/20

El bicho coronado

ay que acabar con ese elemento infecto como sea. Con ese inútil y sin sentido parásito coronado, que vive de nosotros y está marcando nuestra vida. Hay que detenerlo y destruirlo por cualquier método a nuestro alcance; sin piedad,  remordimiento o reproche, porque sea un ser vivo. Antes que él, otros seres parecidos e incluso peores fueron defenestrados, y la vida siguió tras quitarse ese peso de encima como si nada hubiera pasado. Como si fuera un mal sueño de la humanidad que desapareció al despertar. Pero no por eso se olvidó. Esos parásitos forman parte de la memoria histórica, vienen de la lejanía de los tiempos, vivieron de otros y, ¡maldita sea!, lo siguen haciendo de nosotros, perpetuando la descendencia de su espacie, protegida por no se sabe que  privilegio diferenciador del que nosotros carecemos. El problema no desaparecerá aislándonos en nuestras casas, tratando de escondernos de su maligna influencia, y sean otros quienes den la cara. Hay que enfrentarse juntos contra el puto bicho coronado y, aunque se resista, expulsarlo definitivamente de nuestra tierra y lograr su extinción. A estas alturas se habrán dado cuenta, y está clarísimo por mi parte y otras aledañas, que no hablo de la  coronada monarquía, sino del coronavirus de Wuhan de los cojones, al que la ciencia ni nadie llaman Alfonso, Juan, Carlos o Manolo, ni Mariano o Felipe, sino COVID-19.

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