sábado 28/11/20

Adiós a viejos oficios

Cuando el franquismo implantó el Plan de Estabilización en 1959 que alumbró una  etapa de crecimiento económico en los años sesenta, nacieron las Escuelas de Formación Profesional Acelerada. Eran unos “centros” singulares para capacitar en pocos meses a hombres jóvenes y maduros en un oficio -albañil, pintor, encofrador, soldador, electricista, carpintero, tornero, fontanero- que les capacitaba para acceder al mercado laboral en aquella España cuya economía tomaba impulso y necesitaba mano de obra cualificada.  

Fue un modelo de “formación exprés” que suplió las carencias de la enseñanza de la época que no conocía la Formación Profesional y aún tenía las enciclopedias Álvarez como libros de texto. Los resultados fueron espectaculares, se juntaban las ansias de aprender del grupo heterogéneo de alumnos y la fuerte demanda de empresas de la época, lo que posibilitó que muchos rapaces venidos del mundo rural se asentaran en las ciudades para trabajar como profesionales cualificados en un mercado laboral emergente. 

Traigo a colación esta historieta a propósito de un informe de la consultora ManpowerGroup que señala que los puestos más difíciles de cubrir por las empresas en 2019 fueron oficios manuales cualificados: electricistas, soldadores, mecánicos, carpinteros, albañiles, yeseros, fontaneros, pintores y otros.

España, apunta la consultora, no es capaz de hacer atractivas estas profesiones que tienen buenas condiciones de trabajo y alta demanda. En parte por la cultura dominante entre las familias que no quieren que sus hijos “aprendan” estos y otros oficios, a pesar de que son profesiones recomendables que ofrecen grandes posibilidades de trabajo. 

Pero otra parte de culpa la tiene la escasa apuesta por la Formación Profesional, poco promocionada por el sistema educativo, que arrastra el estigma de que a ella accedían  los alumnos torpes de la clase y aún ahora sigue desconectada de la realidad laboral al no tener en sus programas el aprendizaje de varios de estos oficios.  

“Sería deseable, dice Celia Ferrero, vicepresidenta de la Asociación de Trabajadores Autónomos, que estas profesiones técnicas tuvieran el mismo prestigio que se ha ganado el oficio de cocinero”. Lo cierto es que no hay relevo generacional y escasean profesionales formados en oficios de alta demanda. Los que siguen en activo tienen tan buena cotización que los rifan las empresas y los miman los particulares. 

A lo mejor abastecer ahora el mercado de estos profesionales pasa por “resucitar” las viejas Escuelas de Formación Profesional Acelerada “en modo siglo XXI”. Aquel “invento” del franquismo dotó al mercado de mano de obra cualificada y dio trabajo a muchas personas. 

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