miércoles 21.08.2019

Pensamiento dinámico y complementario

na de las características que mejor define el pensamiento dominante, si es que se puede llamar pensamiento, es su condición estático e ideológico. Se trata de un precipitado necesario de las llamadas ideologías cerradas que por desgracia acampana entre nosotros desde la llegada al gobierno de los actuales dirigentes. En casi todos los aspectos de la vida social se observa esa penosa división entre buenos y malos, retrógrados y progresistas, ricos y pobres que es la principal señal de identidad del intento de aplicación a la realidad de un modelo teórico de laboratorio.
Como consecuencia de las ideologías cerradas, aquellas que parten de la presunción de solución de todos cuantos problemas jalonan la existencia colectiva de la humanidad, que son estáticas por propia naturaleza, surge la necesidad, incluso la pasión, para quienes así operan, de situarse en la vida política social y política con un sentido perverso, por cerrado: la izquierda y la derecha, los de arriba y los de abajo, los de delante y los de detrás. Es decir, estar posicionado -de un modo maniqueo- en “la izquierda, abajo y adelante” o  en “la derecha, arriba y detrás”, ha traído consigo el olvido lamentable de la tradición cultural de la que procedemos y que contribuimos a crear: una tradición de libertad, de pluralismo y de profundo respeto a la dignidad de la persona. Sin embargo, presos como estamos de imperio del pensamiento único, estático, cerrado e incompatible, deudor de la dictadura de las ideologías, seguimos hablando de explotadores y explotados, de retrógrados y progresistas, de ricos y pobres, expresiones que además de profundamente simplistas son formulaciones que denotan una real actitud de miedo a la libertad, a la riqueza plural de la gente, que no es traducible a etiquetas reduccionistas de su condición, y un profundo miedo a la búsqueda de soluciones  a  los problemas que aquejan a nuestra sociedad.
Ordinariamente, el pensamiento cerrado y estático que acompaña a las ideologías cerradas parte de la afirmación de prejuicios y de  concepciones simplistas de la realidad, que son indicativas de pobreza discursiva o de inmadurez política y humana. Por el contrario, el pensamiento abierto, dinámico y compatible, como estilo intelectual que responde a la realidad de las cosas, permite superar ciertamente las ideologías cerradas. No en el sentido de aislarlas y dejarlas sin lugar, que lo tendrán mientras haya gente con la disposición de aplicarlas, sino más bien en cuanto abren en el horizonte un espacio de pensamiento que rompe la bipolarización izquierda-derecha y que se caracteriza por su naturaleza abierta, crítica, plural y antidogmática, justo lo contrario, por ejemplo, de esa educación ciudadana pensada para disponer de ciudadanos en serie, a la medida, cortados por el patrón de la sumisión, la manipulación y el miedo a la libertad.
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático 
de Derecho Administrativo

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