sábado 23/1/21

Ética y nuevas tecnologías (I)

El tiempo que nos ha tocado vivir, ahora en plena pandemia, se caracteriza especialmente por una transformación radical y vertiginosa de las formas tradicionales de explorar la realidad. En alguna medida, la realidad actual, nos guste o no, es producto de lo que ha pasado, de lo que hemos heredado de nuestros antecesores y sería una soberana irresponsabilidad, por ejemplo, intentar transformarla desde cero, sin reconocer lo bueno o lo malo que nos han legado quienes nos precedieron.

Sin embargo, hemos de reconocer que sí que se ha producido una transformación relevante que reclama nuevos enfoques para entender el sentido de la sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnologías proyectadas en la Administración de este tiempo. Unas tecnologías que, a pesar de las inversiones realizadas, no han estado a la altura de lo que se esperaba en este tiempo de la pandemia en el que los plazos administrativos han estado, como regla general, suspendidos.

Frente a los vertiginosos cambios que contemplamos, debiera cobrar más importancia el pensamiento abierto, el pensamiento dinámico, el pensamiento plural y el pensamiento complementario. La realidad de la pandemia nos muestra, a pesar de los pesares, concentración del poder y un afán de control y manipulación que se aprovechan, en momentos de excepcionalidad, de la debilidad de unos valores que el formalismo colectivista o individualista borró del mapa mientras el consumismo insolidario adormecía las conciencias y el temple cívico de nuestra poblaciones.

En el ámbito de las nuevas tecnologías, en el ámbito de la sociedad de la información, tenemos que ser conscientes de que hay que tender puentes sólidos entre nuevas tecnologías y dignidad humana, no vaya a ser que una apuesta importante en relación con las nuevas tecnologías pudiera abrir más la brecha en lo que se refiere a la calidad en el ejercicio de los derechos fundamentales por todos los ciudadanos. El buen gobierno, la buena administración, no puede olvidar que la sociedad del conocimiento ha de mejorar la calidad de la cultura cívica de las personas.

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