Jueves 15.11.2018

Responsabilidad política

Cuando se dice que hay que tener responsabilidad en los actos que uno maneja

Cuando se dice que hay que tener responsabilidad en los actos que uno maneja, quiere decirse hacerlo de un modo respetuoso con la sociedad en su conjunto. Esto es lo que está faltando en la clase política, que se parece más a una anarquía que al juego estricto que marcan las reglas de una democracia consolidada. Quizás sea esto lo que falle entre la emergente clase política española, a la que le falta preparación práctica en el juego de los negocios políticos. La poca experiencia juega malas pasadas y encima se hace un adoctrinamiento insensato.
En definitiva, una vez expuesto el tema de la responsabilidad sobre la mesa, es hora de hacer balance de lo acontecido en este curso político, en el que los municipios se enfrentan en la primavera de 2019 a unas nuevas elecciones municipales, en las que habrá muchas sorpresas. Para comenzar hay que achacar a los socialistas su pertinaz apoyo a las marcas de Podemos y sus satélites, sin tener en cuenta su responsabilidad acerca de los principios que marca el propio partido y gracias a los cuales fue un importante artífice del éxito democrático de este país.
Pero su apoyo a las marcas populistas de calado anárquico acabará por descomponer el aparato socialista y esto puede traer graves consecuencias en la siguiente cita electoral. Se prestó un apoyo incondicional a cambio de nada y ante esta tesitura las marcas blancas de Podemos llevan tres años en el poder municipal sin aportar nada a la sociedad. No lo entiende nadie, ni siquiera sus propios votantes, puesto que es un partido nacido paga ganar y no ser muleta de nadie. Se puede ser oposición y hacer valer su idea y dar soluciones a los problemas de los españoles. Pero también se puede llegar a acuerdos puntuales sin ser socio de ningún gobierno.
Lo que no es normal, ni nadie entiende, es el pertinaz apoyo a unos grupos radicales que no tienen en cuenta el bienestar social y que solo pretenden dar soluciones a sus intereses personales, mientras los ayuntamientos languidecen y añoran un pasado en el que poco o mucho se hicieron cosas. En estos tres últimos años no se ha hecho absolutamente nada. Las ciudades de Coruña, Santiago y Ferrol, se caen a pedazos por la inacción de las mareas y no hay visos de mejora alguna.
Esta falta de responsabilidad política puede pasar una dolorosa factura a los socialistas. A la vez nuevos partidos se sumarán a la lucha por un hueco en los municipios. Quizás Ciudadanos sea el que más fácil lo tenga y pese a lo que digan los socialistas, ese partido se sitúa en el centro, lo que puede arrastrar muchos votos de los descontentos socialistas. Los populares siguen una política errónea, de ver y esperar, lo que también le puede acarrear alguna desagradable sorpresa. Deben ponerse a trabajar y a aportar soluciones a la debacle que hay en las ciudades. A La Coruña le deberán devolver la fiesta del Rosario, que el propio partido retiró en el mandato de Carlos Negreira. 

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