• Lunes, 24 de Septiembre de 2018

cada poco tiempo surge el dilema si son muchas las viviendas que están vacías

cada poco tiempo surge el dilema si son muchas las viviendas que están vacías, o si por el contrario su cantidad se agotará antes del año 2020 como prevén los expertos, desde el estallido de la crisis que arrastró a toda la economía al abismo, no se ha parado de hablar cada cierto tiempo de que está a punto de que el “boom” inmobiliario regrese al mercado, pero nada hace indicar que esto sea así, salvo los propios interesados en la materia en la que se han cogido los dedos y todavía no han salido de ese entuerto.
Las inmobiliarias están plagadas de viviendas de todo tipo que desean vender; también la banca posee una buena parte de estos activos y a día de hoy sigue almacenándolos de los que recupera de los impagos y desahucios, lo cual quiere decir que la cifra que barajan algunos expertos de que existen 340.000 viviendas vacías no encuentra justificación.
Las ventas no aumentan al ritmo que vaticinan los expertos. Si echamos una ojeada al mercado de los últimos años, habría que colocar casi 115.000 viviendas por año y este número queda muy lejos de la realidad. Hay que añadir las que la banca tiene en cartera, sin incluir la inmensa proporción que conserva el banco malo que está plagado de fincas de todo tipo, urbanas, rústicas, naves, locales, viviendas y un largo etc.
No cabe duda de que a los gestores del suelo les vendría bien que su sueño fuese realidad y a los españoles también, porque en poco tiempo el mercado del trabajo estaría a pleno rendimiento. Pero lo que se está vendiendo es la pura y dura especulación del humo y acabar como se acabó la vez anterior, debemos aprender más de los errores y no repetirlos, es cierto que en las grandes ciudades hay un mayor movimiento en la construcción, pero todavía se está muy lejos de hacer creer que es la panacea que hará cambiar el modelo de vida de los españoles, cuando ahora mismo el ciudadano no compra, prefiere alquilar, por la disposición de moverse libremente en el espacio-tiempo, sin los agobios hipotecarios.
Por otro lado, la sociedad envejece a pasos agigantados y sus viviendas quedarán cuando ellos se marchen para sus descendientes. Resulta que hay un vacío generacional, entre las capas de mayor edad y las restantes, cuyo hueco se nota entre los situados en las edades comprendidas entre los 25 y los 45 años, que son el soporte económico del país.
El número de viviendas vacías es superior al que se dice, pero se juega con un número profético. En realidad nadie sabe cuántas viviendas existen vacías, sin comprador alguno. Solo los bancos son propietarios de varios cientos de miles de viviendas y las inmobiliarias, gestores de otros muchos clientes ansiosos de venderlas y a cada paso más baratas, para deshacerse de ellas, no es raro cada poco tiempo ver en los escaparates las rectificaciones de los precios a la baja. De modo que hay viviendas para todos; eso sí, caras.