Miércoles 21.11.2018

A cuestas con el recibo de la luz

Para el público en general se ha convertido el pago del recibo de la luz en un vía crucis económico cada vez peor de soportar. No es que no se entienda la factura, que de por sí no se entiende.

Para el público en general se ha convertido el pago del recibo de la luz en un vía crucis económico cada vez peor de soportar. No es que no se entienda la factura, que de por sí no se entiende; lo malo es que se cobran diversos conceptos y hay uno que llama la atención, la potencia contratada, que se cobra por dos sistemas diferentes. Uno, el consumo establecido y el otro, el gravamen que hay que soportar por ese consumo; por tanto, la potencia instalada se multiplica por el consumo y el recibo se multiplica en el precio por arte de magia. Hay un dicho que data de la fundación de los casinos de juego, de que “la banca nunca pierde”. Esto, aplicado a las eléctricas, suena mejor, si tenemos en cuenta los amplios resultados económicos de las compañías, en este caso la que nos afecta, Gas Natural Fenosa, que hasta septiembre tuvo unos beneficios de 793 millones, pero mantiene una previsión de alcanzar en el ejercicio de 2017, los 1.300 o 1.400 millones, hasta casi duplicar los beneficios de los nueve primeros meses del año.
Lo imposible del recibo es que ninguna administración local, autonómica o estatal abra una investigación y un estudio del coste real de producción y distribución de la energía eléctrica desde un punto de vista independiente para saber realmente lo que cuesta y lo que se paga. Está llegando el momento de considerar el recibo como un escándalo; aunque las encuestas no lo mencionen, si todo sigue en la cuesta arriba que se está produciendo, es posible que dentro de poco tiempo la factura eléctrica sea una de las causas principales de las preocupaciones de todos los españoles.
La cuestión no es decir que sube la luz por tal o cual motivo, sino contar con una herramienta legal que diga lo que vale su producción y distribución a los hogares, en una fase en que el mercado eléctrico no es abierto en su información y las pocas empresas que existen pueden estar promoviendo un pool-eléctrico que puede ir en contra de los intereses de los ciudadanos.
La prueba es que el impuesto que grava a las eléctricas lo repercute al consumidor, cuando debería ser la empresa con cargo a sus beneficios la que se hiciese cargo del mismo. Esto pasa con numerosas gabelas que se sostienen sobre dicho recibo en base no a su consumo, sino en la facturación de la potencia instalada. Es un importe superior al que se paga por el consumo real y no hay forma de saber si hay amortizaciones que ya han cumplido el plazo y se siguen cobrando o cual es el motivo del devengo que se cobra.
Todas las administraciones han hecho la vista gorda con las eléctricas sin aclarar cuál es el costo real de la energía, pero los beneficios de dichas empresas son más elevados cada año. Habrá que empezar a hacer algo al respecto o dentro de poco será imposible pagar el recibo de la energía eléctrica.

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