Martes 20.11.2018

Ríquiti, ríquiti, ríquiti

lo de las tribus urbanas es lo máximo, de verdad. Además, ojo, hay

lo de las tribus urbanas es lo máximo, de verdad. Además, ojo, hay que ver cómo evoluciona el tema. A pasos agigantados, les digo. Cuando yo era una jovenzuela no existían tantas como ahora. También di tú que con los independentismos (hasta a eso llegan) cada uno quiere reivindicar su propia idiosincrasia y no encasillarse en ningún colectivo que no represente del todo sus características y manifestaciones personales junto con las sinergias de interrelación con el medio. Qué bien me ha quedado. Casi llego a Conseller.
Pero decía que allá por 2003, más o menos, teníamos compatriotas adolescentes clasificados en: friquis, emos/góticos, perroflautas, raperos, chonis, rastas y… gente sin más, del común. Fin.  ¿Y ahora? Pues a todos esos, súmenle: Hipters, nerds, bobos (no estoy llamando tonto a nadie, eh… el palabro existe), muppies, coolturetas, foodies, otakus, indies... Y un largo etcétera, pero ya paro, porque les puedo llenar hasta tres hojas sólo con categorías. ¡Se nos está yendo de las manos, hombre!  
¿Mis favoritos? los del barrio, primo. Esa peñita en sus cani-bugas (que son como el batmovil, pero de polígono) con gorras de lado que ni protegen del sol ni na, cadenas de oro, piercings en las cejas (en serio, dejaron de llevarse hace mucho tiempo, asumidlo ya) y el musicote guapo de bakala, a tope de power, que cualquier día les revientan los cristales con el subwoofer. Si es que en vez de tribu, son una raza ya. Nacen así.
¿Mis más odiados? Los hípsters. Y todos aquellos que engrosen las listas de un postureo excesivo. Por favor: menos barba, menos gafas sin graduación, menos leer a Coelho, menos intensidad con frases sacadas de los azucarillos del bar, menos camisas de leñadores con pantalones como si fueseis a las minchas y menos querer todo tan vintage, porque de verdad, me parecéis muy rancios y estáis aborregados. Perdón, os lo digo en vuestro idioma: sois mainstream. De más.
No sé cómo hemos llegado a esto, pero mientras yo supero que ya nadie escucha a Tokio Hotel y que nos hemos asentado en Vetusta Morla, larga vida a la cultura callejera.
¡Ay, si Tupac levantara la cabeza…!
L

Ríquiti, ríquiti, ríquiti
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