jueves 23.01.2020

Padres de parvulario

antes de nada quiero dejar claro que respeto al máximo a todas aquellas personas que deciden dar un empujón a la vida y favorecer el crecimiento de la natalidad, allá donde sea la parte del mundo en la que residan. Esto que quede claro. Eso sí, también sea de decir que hay cada padre y cada madre, que ojo cuidado. Menudos papanatas.

Yo hasta hace poco era muy de aborrecer a los niños, daba igual el rango de edad, pero los años y la vida pasan factura y ahora, surcando la treintena ya dudo de todo, como Descartes. Y miren, nunca se sabe. Igual llega un día en que una mini Irene corre por Amboage, jugando a marear a nuestro marqués. Pero sin chuminadas ni excentricidades por mi parte. Me explico.

Llevo unos años observando a aquellos progenitores que usan como excusa a sus hijos para hacer toda clase de tonterías, bien lejos de lo esperable para su edad. Por ejemplo, actualmente es muy común que en los centros comerciales haya puestos para alquilar pequeños coches eléctricos que luego los niños conducen por los pasillos. Lo de conducir es coloquial, porque más bien pilotan sin conocimiento y el resto de los que caminan por la misma ruta tienen que arrojarse hacia los lados para tratar de no ser embestidos. Cualquier día, después de tres o cuatro piernas rotas tendrán que acabar por poner pasos de peatones para evitar desgracias mayores.

El caso es que la moda ha trascendido hasta tal punto que ahora hay otro tipo de “vehículos” en forma de dragón –o similar– donde los padres se montan y acompañan al volante a sus chiquillos. Y yo me pregunto... ¿Es de recibo que un señor de cuarenta tacos nos haga creer que se sube a ese trasto, móvil en mano para grabar la carrera, sólo por hacer feliz a su hijo? Pues no. Porque a veces el vástago no alcanza ni un año de edad y digo yo que si no habla para pedir un potito, tampoco lo hará para suplicar que le den un voltio en ese cacharro del demonio.

Y como esta, muchas otras cosas. Por ejemplo, fomentar el consumismo absurdo. ¿De verdad un niño de tres años necesita unas gafas de sol de marca?, ¿para qué?, ¿para maquear en la guardería? Hombre, por favor...

Yo aún recuerdo cuando mis padres trataban de explicarme que los huevos kinder eran un timo (palabra clave y ligadísima a mi infancia) porque su precio, frente a lo que ofrecían, era absolutamente desproporcionado.

Así que creo que este es un buen punto para reflexionar y tratar de ser conscientes de lo que un adulto debe permitir a sus hijos y permitirse a sí mismo como padre. La idea es crear personas en busca de un futuro mejor, no envolver a esta sociedad en un halo de estúpidos mayor. He dicho.

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