Lunes 19.11.2018

La yaya y la guagua

Estoy en ese punto de mi vida en que los niños por la calle empiezan

Estoy en ese punto de mi vida en que los niños por la calle empiezan a llamarme señora (¡malditos!), y yo aún no me he sacado el carnet de conducir. Así como se lo cuento. Las razones de cómo he llegado a esta situación, ni las mencionemos. Resumen: Vida de telenovela. Irenadas. Todo muy yo. Y el mundo, en su eternidad, girando a mi alrededor. En fin… 
Pero volvamos al tema. Lo cierto es que voy a pata a todos lados, o si no, en transporte público. Esto último es lo que realmente me quita la salud, para qué se lo voy a negar. Porque hay mucha gente que el día en que Barrio Sésamo habló sobre la higiene y el aseo personal, pues estaban en el cumple de su vecino hinchándose a bollos, o vaya usted a saber, pero vamos, que ahora de adultos van justitos en el asunto. También está el fascinante caso de los conductores de autobuses urbanos, adolecidos con el síndrome de Schumacher, pobrecitos ellos y pobrecitos nosotros, porque damos las curvas a dos ruedas. P’abernos matao. 
Y no nos olvidemos de nuestros maravillosos adolescentes, que en los últimos años han decidido compartir con toda la sociedad sus preferencias musicales y me llevan el Spotify a todo trapo, que cualquier día les peta el iPhone. Y a mí los tímpanos, al paso. Porque, queridos imberbes, al resto de la población nos da bastante igual si sois reguetoneros de perreal, rockeros old school, discípulos de Beethoven o reinas del pop. Unos casquitos, gracias. 
Y como esto, más cosas: Señoras bien (señoras, fetén) que miran fatal a los cuerpos con tatuajes y hacen que te zumben los oídos con sus siseos de crítica, bebés llorando a grito pelao en las sillitas –y mientras, sus madres, normal y desconcertantemente, wasapeando con la amiga Jenny–, el clásico espontáneo frustrado porque hace 17 años no lo cogieron para OT y que nos canta su mejor repertorio. Sí, así. De gratis. Ya por no mencionar que la propia estructura del autobús, suele ser cualquier cosa, menos funcional. Toda una fantasía, vaya. 
Y es por esto que cada día maldigo al señor instructor que me gritó durante todas y cada una de mis 10 prácticas de coche. Así que por si me estás leyendo, una proposición: Tú. Yo. Acariciarte con un cable pelado dentro de una piscina. No sé, piénsalo. 
 

La yaya y la guagua
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