Lunes 19.11.2018

Dame veneno que quiero morir

que alguien aleje de mí todos los objetos punzantes cercanos,

que alguien aleje de mí todos los objetos punzantes cercanos, porque estoy a una caja de cartón más, de clavármelos todos en plena boca del estómago y hacerme el harakiri para fallecer lenta y agónicamente. Poco se habla del daño que hacen las mudanzas. Creo que no hay ser humano con un mínimo de sensibilidad al que le gusten, porque son una técnica de tortura bien buena. Se me escapa cómo no lo incluyeron en la saga Saw, porque de verdad que le encaja (nunca mejor dicho) al pelo.
Yo tengo un defecto muy grande, que es el consumismo. Cosa que veo, cosa que me compro. Esto es así. Da igual que sea una figurita inútil que te hace gracia en ese momento y en dos meses nada más que te ha servido para coger polvo, da igual que sea un ventilador de mano que chiringa agua el cual estás pagando en Enero, da igual que sea una vaporera para comer super sano porque esa semana (y no más) vas a hacer dieta, da igual que sean unos pendientes que no te gustan mucho pero es que a un euro ¿cómo no te los vas a llevar? Y así es, que tengo la casa llena de trastos, porque además soy muy sentida y no tiro nada. Los porsiacaso, que les llamo yo. Lo que viene siendo igual a: Irene, tienes que mover en la mudanza lo mismo que todas las aldeas de la Galia juntas. Perfecto.
Les escribo desde la mesa de comedor y el panorama a mi alrededor es bastante desolador: Si piso en los huecos de suelo libre, seré la mejor imitación jamás vista de Nicholson en “Mejor imposible”, si no, me queda trepar por las cajas a lo Chita. Creo que esta va a ser la mejor opción, porque mona soy un rato. Cada uno que lo interprete como quiera. 
Lo cierto es que el tema me tiene agotada física y psicológicamente porque cuando crees que ya estás para acabar, es mentira, siempre aparece algo más que seleccionar y guardar. Ojo que ya digo seleccionar, porque de verdad que no sé para quiero yo los sugus de la cabalgata que aún no me comí… Será también maravilloso ese momento en el que vengan unos señores a arramplar con todas mi cosas y cuidado, que como me descuide, me embalan a mi también con un poquito de papel burbuja y hala, viaje en furgoneta. Pero les confieso que todavía no sé qué es peor: si este momento, o el de descargar y ponerse a ordenar todo. Así que si nunca más vuelven a leerme, es que he perecido en el intento. Llévenme siempre en el corazón.
 

Dame veneno que quiero morir
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