• Martes, 25 de Septiembre de 2018

Un “reality” con políticos

acaba de comenzar el nuevo Master Chef con famosos. Promete

acaba de comenzar el nuevo Master Chef con famosos. Promete. Durante semanas, encerrados, conviven, cocinan, compiten, pelan por ser los mejores, por seguir las instrucciones de los chefs, por servir una buena comida en un tiempo casi imposible a decena o centenares de invitados y se someten al veredicto del jurado. No faltan las puyas, los encontronazos, las trampas, las amistades para siempre... ¿Y si hiciéramos lo mismo con los políticos?
¿Se imaginan ustedes un “reality” electoral o preelectoral con Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Manuela Carmena, Soraya Saénz de Santamaría, Quim Torra, Puigdemont, como invitado especial con un permiso judicial, Oriol Junqueras, Inés Arrimadas, Irene Montero? Todos juntos, sin posibilidad de marcharse, tres meses encerrados, compareciendo solo en un programa semana, sometiéndose a las pruebas del jurado –mítines, la prueba de la verdad, ejercicios para ocultar la realidad con salsas especiales, cómo reelaborar un discurso sin determinados argumentos–, saliendo eliminado uno cada semana, haciendo pactos para ganar o para eliminar, al contrario. Y todo eso, en directo. 
El jurado, los grandes chefs de la política, ¿podrían ser los expresidente del Gobierno? Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Resultaría equilibrado y entretenido. Y los invitados especiales podrían ser expresidentes de comunidades autónomas, incluso algunos políticos condenados por corrupción, un par de banqueros para explicar de quién es el poder, si de los políticos o del dinero, un inmigrante, algún político extranjero como Obama, Sarkozy, Macron, y hasta el propio Trump en una conexión en directo para explicar en un plis-plas como alguien como él puede llegar a presidente de la nación más poderosa del uno. No me digan que no seria fascinante. Y los militantes enviado mensajes por las tardes como locos y convirtiendo cada noche a su líder en “trending topic”.
Tendríamos delante de nuestros ojos, en la pantalla de la tele, políticos artistas del folclore, trileros de barrio, artistas de masas y magos de distancia corta, incluso descubriríamos el lado oculto de cada uno y sus cualidades y podríamos conocerlos mucho mejor. El voto posterior, siempre que no se le diera directamente la presidencia con mayoría absoluta al ganador del “reality”, sería mucho más reflexivo. Si vivimos en la época del espectáculo, de los medios de masas, el único medio posible para cambiar la imagen de la política y convertirla en algo cercano es el “reality”. 
Estaba ahí y no lo veíamos. Dicen que la política es puro teatro y tenemos grandes actores capaces de interpretar cualquier papel, incluso de cambiar el papel con su compañero, y decir lo contrario de lo que decían en el ensayo de la semana anterior. Hace poco, un humorista, Manu Sánchez, decía que “la televisión no crea gilipollas, los descubre”. ¿No podría suceder lo mismo con los políticos