• Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

¿Y si el Gobierno hiciera nada?

Lo malo de un Gobierno débil no es su debilidad de origen ni siquiera la calidad política de sus miembros sino que tiene que gobernar

Lo malo de un Gobierno débil no es su debilidad de origen ni siquiera la calidad política de sus miembros sino que tiene que gobernar, que tomar decisiones, que pactar acuerdos -en el caso del actual Gobierno lo tiene que pactar todo y a muchas bandas- y eso hace que sea más difícil avanzar. El Gobierno del “desaparecido” Pedro Sánchez –ni una rueda de prensa hasta ahora– ya está notando los problemas y lo va a notar mucho más en el futuro. Ellos mismos son conscientes de que cada paso adelante, cada decisión política lleva apareada un peaje político o económico, o ambos.
Por eso, se multiplican los gestos, las propuestas sin compromiso, los globo-sondas. Vamos a tener mucho de esto y poco de medidas efectivas, salvo las que aguanten el decreto-ley que es un mecanismo poco democrático y muy criticado por los partidos políticos... cuando están en la oposición. Lo del consentimiento explícito y con declaración notarial para mantener relaciones sexuales es un ejemplo. La propuesta de reescribir de nuevo la Constitución para incorporar un lenguaje inclusivo  es otra muestra, pero hay muchas más, con mayor trascendencia, que se dicen sabiendo que no son posibles porque necesitan apoyos y consensos que este Gobierno no puede conseguir si no es pagando un precio que acabará financiando el sufrido contribuyente.
Los gobernantes deben saber dónde están, con qué fuerzas cuentan y conocer la historia. España viene de Rajoy, una de cuyas características fundamentales era la inacción en algunos temas en espera de que se solucionaran por sí mismos. Eso es también herencia franquista y costumbre administrativa que aunque a veces funciona acaba casi siempre en peores situaciones que las de partida. Pero todo depende de la medida. En Italia han estado años sin un Gobierno estable y la economía marchaba razonablemente bien. Es cierto que ese desgobierno es lo que, en alguna medida, ha llevado a los italianos a encumbrar a un Gobierno insolidario y racista. Pero no siempre sucede así.
Decía Balmes que “la pereza, es decir, la pasión de la inacción, tiene para triunfar una ventaja sobre las demás pasiones y es que no exige nada”. Tal vez habría que pedirle a este Gobierno una cierta pereza en lo accesorio para dedicar todos los esfuerzos a la importante. Es decir, que se centre en aquello que hay que resolver sí o sí, como la fiscalidad, las pensiones o el problema territorial, y que se deje de querer tocar aquello que no afecta ni al presente ni al futuro de los ciudadanos, por mucho que sea “progre”. Que intenten pactar lo importante y se olviden de los gestos. Porque eso es gobernar y lo otro es trapisonda. Ya sé que los gestos son gratis y los proyectos de futuro cuestan mucho esfuerzo y a veces no tienen rentabilidad. Pero lo gratis acaba siendo muy caro y los ciudadanos se dan cuenta de que detrás de las ocurrencias solo hay ocurrencias. Igual si no hacen nada, todo marcha mejor y muchos se lo agradecen.