• Martes, 25 de Septiembre de 2018

Un astronauta en la Administración

creo que fue Aristóteles quien dijo que “cada uno es dueño de sus silencios

creo que fue Aristóteles quien dijo que “cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Todos deberíamos pensarlo unos segundos antes de hacer declaraciones o escribir lo que pensamos. Ahora, incluso, mucho más, porque las redes lo guardan todo, incluso lo que algunos borran, y la esclavitud de la palabra dicha se convierte, en ocasiones, en tortura. Tal vez por eso Pedro Sánchez se ha pasado más de un mes sin conceder una rueda de prensa y cuando ha hablado largo y tendido, esta semana en el Congreso de los Diputados, ha hecho promesas de poco recorrido o que nadie sabe si será capaz de sacar adelante. Como las referidas a Cataluña o algunas reformas que necesitan algo más que acuerdos inestables. Como los que le llevaron al poder.
Administrar los silencios es muy importante porque mientras no abres la boca, muchos pueden pensar que eres un hombre reflexivo y que detrás del silencio se encuentra la sabiduría. Lo malo es cuando hablas. El nuevo ministro de Ciencia, innovación y Universidades, Pedro Duque, compareció en los Desayunos de Europa Press en medio de una alta expectación. Duque es una persona sincera, cercana, con experiencia en su terreno, el espacial, y muy reconocido dentro y fuera de nuestras fronteras. Su nombramiento fue bien recibido, pero una vez que han pasado algunas semanas, hay que pensar que su superministerio, uno de los más importantes para el futuro de España, ya sabe hacia dónde va a caminar. No parece que sea así, tras la intervención del ministro que confesó que todavía no tiene ni siquiera despacho. Incluso en un momento de su intervención, leyó unas cifras que figuraban en su discurso y comentó: “dice aquí y esto yo no lo sabía...”.
Duque estuvo fresco, natural, pero dubitativo en las respuestas, muy poco concreto y despejó algunas preguntas diciendo que le habían “pillado” o que no tenía respuestas para los asuntos que le plantearon: desde los cambios regulatorios a la investigación biomédica, la nueva Ley de Universidades, la investigación médica o las nuevas energías... “Si me habláis de ingeniería aeronáutica puedo decir algo, pero de investigación biomédica...”, llegó a decir.
A Duque le conviene hacer un máster en Administración pública y pronto. No sé cómo habrán sentado sus palabras sobre el hecho de que “el que hace el trabajo en Hacienda no sabe lo que se hace en otros ministerios” y que debería haber “más confianza” por parte de quién reparte y controla. Tiene razón, pero no es políticamente correcto. Si hay un ministerio importante en España hoy es el de Ciencia, Innovación y Universidades. Crecer en la producción científica, retener el talento, innovar para no quedarnos como país de servicios y convertir la Universidad en un centro de sabiduría, de investigación y de colaboración con las empresas y la sociedad no debería ser un objetivo de partido ni de Gobierno sino de Estado. Pero para eso hay que tener un programa serio, los medios necesarios e implicar a las empresas y a la sociedad. El buenismo no basta. Y, pese a todo, ¡ojalá acierte!