Lunes 22.04.2019

Varas de medir

Con frecuencia asumimos como verdaderos los informes que publican los gobiernos o sus servicios secretos.

Con frecuencia asumimos como verdaderos los informes que publican los gobiernos o sus servicios secretos. O incluso aquellos que redactan ciertas organizaciones, que aunque aparentan ser privadas trabajan para el poder. 
Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que muchos de esos dossiers están manipulados. Es decir, aparecen en ellos un cóctel de mentiras, mezcladas con medias verdades, que de tanto repetirlas en los medios se convierten en posverdades, construyendo así una opinión pública favorable. 
Decimos esto porque de un tiempo a esta parte los organismos oficiales de la UE critican mucho al gobierno de Myanmar, la antigua  Birmania, aquella de la película tan famosa “El Puente sobre el río Kwai”. Al parecer hay un informe que habla de torturas, esclavitud sexual y otras barbaridades.
Es posible que sea cierto. Aunque esa clase de “informes” deben ser cogidos con pinzas porque muchas veces están falseados. Sobre todo cuando el país es dueño de abundantes recursos naturales o bien está situado en una zona geográficamente sensible. Y Myanmar lo está. No por casualidad fue invadido el país por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial.
Lo ocurrido en Libia fue una muestra de lo fácil que es falsificar una realidad cuando conviene. Aunque ya nadie se acuerde, las noticias que recibíamos por aquel entonces, antes de la intervención “humanitaria” de la OTAN, era que las fuerzas militares de Gadafi estaban masacrando, saqueando y hasta violando mujeres en masa.   
Más tarde se demostró que todo había sido un montaje, un bulo de los gobiernos interesados para justificar la intervención. Como esa nación del norte de África es rica en petróleo y gas natural, existía un interés genuino en deshacerse de Gadafi a cualquier precio, sin importar el número de víctimas, de destrucción o de refugiados que pudiera provocar la intervención.   
La mentira quedó al descubierto cuando se bajó el telón. Después ya nadie habló más del asunto. A ningún organismo oficial o periodista occidental se le ocurrió investigar los supuestos crímenes cometidos contra la población civil. Cerraron el caso y a otra cosa mariposa. Al fin y al cabo los grupos de poder ya habían conseguido lo que perseguían, que era acabar con el régimen y adueñarse de los recursos del país. Como dice el refrán, a río revuelto ganancia de pescadores. En este caso los pescadores fueron las multinacionales petroleras.
Lo ocurrido allí demuestra que cualquier gobierno que busque una política independiente, empeñada en administrar las riquezas del país en favor de los intereses nacionales, se pone para empezar en contra de las fuerzas globalizadoras, por tanto, éstas lo declararán su enemigo.  
Y es a partir de ese momento cuando ciertos organismos empiezan a usar las dos varas de medir para los derechos humanos, es decir, no aplican la misma en todas partes, sino que utilizan una u otra en función de los intereses geoeconómicos o geoestratégicos. Y eso, sin ir más lejos, lo tenemos en la propia Europa. En Ucrania, por ejemplo, se sabe que el gobierno neo-nazi de Kiev viola sistemáticamente las libertades y los derechos humanos, sin embargo, eso a Europa no le preocupa; le produce más “desasosiego” las represiones lejanas que las cercanas.
En realidad, lo de los derechos humanos se está utilizando cada día más como arma. Tan es así, que se puede llegar al extremo de utilizar hasta recortes de periódicos como “prueba”, sin averiguar si la información aparecida es verdadera o falsa. 
Por lo tanto, esto nos lleva a que sigan creciendo las dudas acerca de esta clase de dossiers. Porque son pocos, si es que existe alguno, los que están libres de sesgos o de contaminación política. Puesto que no hay que olvidar que muchos de los conflictos donde sistemáticamente se violan los derechos humanos, en realidad, son alimentados por los mismos que después los denuncian o dicen defenderlos. 
Así que,  la sinceridad que muestran algunos gobiernos europeos en esa defensa produce recelos, suspicacias, en muchos casos se parece más a un acto de cinismo que a una genuina defensa. Y se la “ganaron” a pulso.
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Varas de medir
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