martes 20.08.2019

Pasar página

En geopolítica siempre se pueden encontrar mil razones para justificar cualquier acción. Como suele decirse, el fin justifica los medios.  Esto viene a colación porque en una conferencia que impartió el señor Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, en la Universidad de Belgrado les dijo a los oyentes que el ataque a Serbia en1999 fue necesario, por lo tanto, que había que pasar página. 
Vamos a ver. Nadie pensó que este hombre, por el cargo que ocupa, explicaría en ese campus universitario las causas reales de aquella intervención. Pero tampoco se esperaba que pidiera a los serbios que lo olvidaran todo.
La verdad es que lo que ocurrió en ese país hace veinte años no fue para defender lo que dijo la versión oficial en su día –y que todavía sigue sosteniendo el establishment europeo–, sino para proteger agendas geopolíticas. 
En el Kremlin estaba Boris Yeltsin, un político que cumplía al pie de la letra los deseos de un grupo de oligarcas, que ante todo trabajaban para su propio beneficio y después para el de las élites europeas. Así que estaba claro que el mandatario ruso se limitaría solo a protestar y ahí quedaría la cosa. Como así fue. De otro modo no hubiera sido posible aquella operación militar. 
A todo ello hay que decir que la política de dividir y subdividir tampoco es nueva en la historia, puesto que ya la aplicaban con gran efectividad los romanos en la antigüedad. Consiste en fabricar conflictos en determinada lugar, para después crear en él estados dependientes y así poder convertirlos en marionetas; aquello de “divide e impera” es la mejor estrategia para controlar.
Es importante tener claro este punto para no creerse las milongas que a veces nos cuentan, porque de otro modo es imposible entender las guerras de los Balcanes después de la muerte de Tito y la caída del muro de Berlín.
Pero a lo que íbamos. Es fácil hablar de pasar página cuando los muertos no son noruegos, que es el país del conferenciante, o cuando la razón principal de aquella operación que ni siquiera autorizó la ONU fue para provocar la secesión de Kosovo de Serbia. 
La mayoría de los serbios todavía no están preparados para olvidar. Porque además de las cuatro mil víctimas civiles, sin contar las bajas militares y la destrucción de una buena parte de las infraestructuras de su país, les arrebataron por la fuerza una provincia. 
Y aunque esto pueda sonar a sarcasmo, es bueno recordar que algunos políticos españoles, de los que hoy se llenan la boca invocando la sagrada unidad de la patria, no pusieran el mismo interés en apoyar la sagrada integridad de Serbia. Incluso los hubo que apoyaron abiertamente aquella intervención. Lo que indica la hipocresía, la sinvergüencería y los dobles raseros que se aplican en estos casos.
Aunque es cierto que el cinismo en política fue siempre la regla y pocas veces la excepción. Por ejemplo, hoy la buena de Europa se dedica a presionar, por decirlo de una manera suave, a Serbia para que acepte la realidad que le impusieron en Kosovo. De otro modo la amenazan con bloquearle la entrada a la UE. 
La realidad es que la mayoría de los serbios no quieren ceder a este tipo de presiones. Es por ello que muchos no entienden que su gobierno siga todavía empeñado en entrar la Unión Europea. Piensan que para ser admitidos en un club que no tiene siquiera futuro el coste en ofensas y humillaciones está siendo demasiado elevado. 
Debido a ello cada día aumenta el número de serbios que quieren alejarse de Bruselas y acercarse a la CEE (Comunidad Económica Euroasiática). Incluso creen que sería una manera de vengarse de aquellos países europeos, entre ellos Alemania, que contribuyeron abiertamente a lo que les ocurrió. 
Sin duda, es terapéutico para los pueblos –para todos– tratar de superar los rencores del pasado y pasar la hoja. De la misma manera que por higiene mental es importante no olvidar lo sucedido. Una cosa no excluye a la otra. 
Quizá lo que todavía están experimentando los serbios sea un sentimiento que el señor Jens Stontelberg no alcanza a comprender y que no tuvo en cuenta en su famosa conferencia. Quizá. 

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