• Lunes, 24 de Septiembre de 2018

Hay que reconocer que las empresas dedicadas al estudio del mercado crean eslóganes llamativos, incluso seductores.  

Hay que reconocer que las empresas dedicadas al estudio del mercado crean eslóganes llamativos, incluso seductores.   
El otro día esperando en la cola de un banco me llamó la atención uno que decía algo así: “si usted está informado podrá elegir mejor”. Pensé ¡qué bonito!
Pero transcurridos unos instantes no pude evitar acordarme de las famosas “preferentes” y de tantos otros productos bancarios con que fueron engañados miles de ahorristas, que son en definitiva los pringados de siempre que cargan con los desmanes que hacen los que andan por las alturas. 
En todo caso, y para no desviarnos del eslogan de marras, debo decir que lo de estar bien informados en estos tiempos tiene tela marinera. Suena más a un deseo que el poder instaló en el imaginario popular que a una realidad. 
Atiborrarnos de información no significa necesariamente que estemos decentemente informados, sobre todo teniendo en cuenta que mucha de la información que recibimos es tóxica.
De todas maneras, la decencia no es precisamente el fuerte de este nuevo “modelo social” que nos encasquetaron.  Hasta los anuncios de televisión, además de promocionar el producto, siguen una línea destructiva, puesto que contienen mensajes subliminales destinados a construir falsos valores.
A veces uno se pregunta si las personas encargadas de escribir semejantes bazofias son conscientes de lo que  están enviando a la sociedad. Es posible que no. Lo más probable es que ni tengan conciencia de ello; incluso que piensen que lo que están haciendo es rompedor, creativo.   
Sea lo que sea, muchos de esos anuncios solo agregan más confusión, pues son poco edificantes para construir una sociedad limpia, transparente y democrática. Pero a lo mejor tampoco es esa su finalidad, sino la de construir un mundo de canallas para beneficio de unos pocos. 
La realidad es que esos breves relatos comerciales, envueltos en llamativas frases, son interiorizados por los ciudadanos de tal manera que ni siquiera son conscientes de que les están modificando la conducta y la escala de valores. 
Desde luego, los frentes abiertos para inhabilitar  nuestra capacidad de pensar, de analizar, se están ampliando cada día más. A pesar de lo que digan, nunca tanto adoctrinamiento político hubo como en estos tiempos. Ocurre que el de ahora es mucho más sutil, más hipócrita que el de antes, por tanto, más peligroso: habla de cosas que no existen. 
El lavado de cerebro comienza en la escuela. Los libros de texto, los currículos educativos, la supresión de ciertas asignaturas, incluso la formación del profesorado, todo está enfocado en la construcción de un modelo social deshumanizado, insolidario, consumista, depredador. 
Y para llevar a cabo semejantes planes existe un interés genuino en anular por completo el libre albedrío. Y eso empieza con la educación. Una sociedad poco educada –o con un sistema educativo sesgado y manipulado– es mucho más fácil de llevar al terreno que le interesa al poder; siempre ha sido así y hoy lo es más que nunca.
No hace falta ser un experto en sociología para comprobar que el modelo en que vivimos se está degradado muy rápido. Aumentan las estafas, la delincuencia, la violencia, la manipulación en los medios, los políticos dicen un día una cosa y se desdicen al siguiente. Tal parece que existe un afán perverso para crear una sociedad de tramposos. De otro modo es difícil entender lo que está pasando.
Al amparo de una libertad y de una democracia que dejan mucho que desear, se esconde un interés en desatar y potenciar todos los “demonios” que el ser humano lleva dentro. Y, además, en rentabilizarlos bien económicamente.
Y todo esto está ocurriendo en la mayor parte del mundo occidental. El desnorte, la decadencia y la confusión se están adueñando del escenario social, político y económico.
Pero las élites políticas siguen viendo y vendiéndonos otra cosa. Recuerdan un poco a los políticos de la antigua Roma, que cuando el imperio apenas ya existía, ellos, sin embargo, continuaban debatiendo proyectos en el Senado. 
A lo mejor es que las personas dedicadas al marketing no son tan listas.