Domingo 26.05.2019

El zorro sucumbió a los picotazos

Ser zorro en México o en California es una ocupación admirable. As xentes do lugar se vuelcan en ayudarle y protegerle y jamás desvelan su identidad, si es que llegan a conocerla, cosa que no es fácil, pues un antifaz oculta el rostro. En cambio en Francia, ¡ay! la grandeur!, es mucho más peligroso. El zorro puede enrar en el gallinero por la noche y no volver a salir. Y no por que haya sufrido una metamorfosis y se despierta transformado en pita, sino por que sea fiambre, que es lo que le ocurrió a un raposo en una granja del noroeste del país. Se coló en el gallinero y las aves se lo cargaron a picotazos. El feminismo ha llegado al corral.

El zorro sucumbió a los picotazos
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