Una anormalidad

La elección de Quim Torra como nuevo presidente de la Generalitat

La elección de Quim Torra como nuevo presidente de la Generalitat será todo lo legal que se quiera pero está trufada de una anormalidad democrática si se analiza con atención todo lo que el nuevo jefe del Gobierno de Cataluña ha anunciado que piensa hacer: instaurar la República, recuperar las leyes impugnadas por el Gobierno ante el Tribunal Constitucional, poner en marcha una comisión de investigación sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución, constituir una Asamblea de electos.
Hace ya tiempo que la política en Cataluña es presa de una esquizofrenia que en los últimos meses no ha hecho más que aumentar. Que la formación de un gobierno tras la celebración de las elecciones hace cinco meses, que el funcionamiento de las instituciones dependa de la voluntad, del capricho, del interés de un fugado de la justicia como es Puigdemont, da una idea bastante de lo que está pasando en esa comunidad autónoma.
Torra ha reconocido que él es un títere en manos de Puigdemont. Ha dicho que su presidencia es provisional, que incluso no utilizará el despacho oficial de quien considera es el presidente legítimo. Todo un esperpento que no vaticina nada bueno. Además, la elección de Torra ha estado hasta el último momento en manos de cuatro diputados de ese partido antisistema que es la CUP, lo cual no es la mejor carta de presentación.
El Estado, el Gobierno que lo representa, tendrá que plantearse muy en serio qué hacer con un presidente de la Generalitat, con un gobierno autonómico, que desde el primer momento van a desafiar a ese Estado. Sabido es que Rajoy está deseando que haya un gobierno en la Generalitat para levantar el artículo 155 que aplicó de esa manera en octubre. Que lo hizo forzado por los acontecimientos y convocando simultáneamente de forma precipitada unas elecciones que, por un lado, trajeron una mayoría de los partidos independentistas y, por otro, la práctica desaparición del PP en Cataluña. Probablemente, en las próximas semanas, Rajoy se va a ver obligado a aplicar medidas drásticas para ser fiel a lo que prometió cuando tomó posesión de su cargo: cumplir y hacer cumplir la ley. El nuevo presidente de la Generalitat ha anunciado que piensa saltársela a la torera. Rajoy tendrá que volver a hacer algo que no le gusta, pero que no tendrá más remedio. Y si no se encuentra capaz de hacerlo, ya sabe cuál puede ser una solución: que dé un paso atrás, convoque elecciones y que el pueblo hable.