Domingo 26.05.2019

Desprestigio exprés

¿Qué es lo que ha sucedido para que en solo cuatro meses,

el gobierno de Sánchez esté muy cuestionado en términos de solvencia, de fiabilidad, de prestigio? Seguramente no sea solo un motivo el que explique este “desprestigio exprés”, que tuvo su plasmación práctica en los abucheos y gritos que recibió el presidente el Día de la Fiesta Nacional. El 1 de junio, Sánchez, con el apoyo de Podemos, los independentistas catalanes, el PNV y Bildu, se convirtió en el primer presidente del Gobierno en llegar a la Moncloa sin haber ganado las elecciones.
En pocos días, Sánchez formó un Ejecutivo en el que destacó la presencia de más mujeres que hombres, y con incorporaciones un tanto exóticas como la del astronauta Pedro Duque. En general, ese gobierno fue bien recibido por la opinión pública, quizás por lo que tenía de novedad y por un deseo de ver algo distinto a lo que había entonces. La sorpresa con saltó a los seis día con la dimisión del ministro de Cultura y Deportes, Maxim Huerta, al descubrirse que había tenido “problemas” con Hacienda. A partir de ese momento el Ejecutivo empezó un camino de errores, rectificaciones, globos sonda que se quedaban en eso, hasta llegar a la dimisión de la ministra de Sanidad, por las irregularidades cometidas al cursar un máster y en la polémica creada en torno a la tesis doctoral del propio presidente. En definitiva, cuatro meses, donde el ejecutivo ha sido noticia, no por las decisiones que ha tomado, sino por esas cuestiones que afectan a su solvencia, a su credibilidad.
Que en solo ciento veinte días, dos ministros hayan tenido que dimitir; la titular de Justicia, Dolores Delgado, esté absolutamente cuestionada por el contenido de las conversaciones en una comida mantenida cuando era fiscal de la Audiencia Nacional con el comisario Villarejo, y que sobre el presidente planee la duda de si hubo plagio o no en la elaboración de su tesis, no es la mejor carta de presentación para liderar el día a día en la acción de gobierno y hacer frente a los problemas que tiene el país. Y como no parece que Sánchez tenga el propósito ni de remodelar su equipo, ni de convocar elecciones, la situación de desprestigio del actual Ejecutivo seguirá ahí. De nuevo, parece claro que solo una convocatoria a las urnas podría desbloquear esta situación.

Desprestigio exprés
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