miércoles 23.10.2019

Torra quiere cárcel

Qué horror. Estamos en la precampaña de la precampaña y aún falta la campaña. Esto es un sinvivir, nos saturan con mensajes y contra mensajes, con falsas noticias y con “fakes”, diría que nos persiguen en nuestro móvil y en nuestro correo y además están los independentistas catalanes que se cachondean del estado de derecho y contagian mediocridad a los incautos que todavía les creen. Nunca la Generalidad de Cataluña pudo llegar a menos ni el tal Torra a más. 

Hoy el nada honorable Torra es una especie de emparedado entre Junqueras y Puigdemont y no pinta nada en este sainete más que poner su cara de poco listo para recibir los tomatazos al final de la función. Sin contenido, sin mensaje y sin gestión, Torra la lía con el juego de los lazos, amarillos, blancos o azules como el niño chico que se regodea en la piscina de bolas de colores a la espera de que sus padres le digan que hay que acabar el jugueteo porque  se van para casa. Y, naturalmente, llegó el momento y la Junta Electoral le ha dicho al “nene” que se acabó el juego, dando orden a los Mossos de retirar los lacitos y trasladando a la Fiscalía la documentación para que estudie la posible comisión de un delito por parte del gobierno catalán. 

Ahora sí, Torra se sienta en la mesa de juego. Antes, Junqueras tuvo por lo menos la gallardía de quedarse en España y someterse a la justicia, tendrá su pena, pero hay que reconocerle que mantuvo su dignidad, está también Puigdemont que como una rata cobarde hizo las maletas para fugarse a Waterloo, donde se da la vida padre a costa de no se sabe quién y quedaba el Torra, alias “Quim” que no sabía qué papel jugar por su incapacidad máxima. Es un poco el tonto útil que se presta a la fiesta como un auténtico pagafantas y que juega con el derecho de oídas hasta que el propio derecho lo ponga en su sitio, que lo pondrá. 

Entonces le veremos ante las togas diciendo que ama el español como idioma y lucirá su foto jurando bandera en el servicio militar. Pero todo esto ocurre en pleno período electoral o preelectoral. En España vivimos siempre en campaña o precampaña y los políticos parecen divertirse en esta situación. Unos jaleando una independencia virtual e imposible en nuestra Constitución y otros jugando a pucherazos en sus falsas primarias para pelearse por sillones y sueldos de los que se han acostumbrado a vivir. 

Los méritos han sido sustituidos por el nepotismo y el amiguismo y los cuneros llenan las listas para satisfacción del jefe, más preocupado por ellos que por la provincia que dicen representar. Recuerden que el exministro Wert fue diputado por La Coruña, donde jamás se le vio ni por cuyos intereses hizo nada, más que llevarse nuestros votos. Juegan todos y juegan con fuego porque, al final, es la ciudadanía la que ha de poner la papeleta en la urna y, según las encuestas, está surgiendo una realidad ajena a la realidad de moqueta de los partidos, entre tanto juguetón, aparece Vox, que marca la agenda del debate político. Le llaman populismo y el movimiento triunfa por el mundo adelante. El juego acaba el 28 de abril y, algunas caras habrá que verlas, sin ir más lejos la de Torra, que busca ya casa en Waterloo, a lo peor, no lo acepta ni el vecino de al lado. Valle-Inclán vive y el esperpento también.

Torra quiere cárcel
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