jueves 3/12/20

¿Adoctrinamiento, formación o interés político u otros?

El pasado jueves el Parlamento Español, con enorme discrepancia entre los dos bloques políticos, aprobó la nueva Ley de Educación. No soy experto en temas de formación (prefiero llamarle así porque educación y enseñanza, aunque muy unidas, no son lo mismo o así lo veo yo) ya hace tiempo que como padre, dejaron de afectarme demasiado estos asuntos aunque de nuevo me inquietan por mi condición de abuelo.

A la vista de tal debate es evidente que en España legislamos muy mal. Cada cambio político cuestiona al anterior y  modifica leyes importantes para el desarrollo y, como en este caso, el de las generaciones ahora jóvenes, provocando ello incertidumbre a medio plazo, con la añadida dificultad de las particulares normas de CC.AA. como en este caso de la Ley Celaa. Si no me equivoco en los cuarenta y algo años de democracia, son ya ocho las leyes de educación aprobadas. Toca a una cada cinco años, o sea que a un joven no le da tiempo a acabar un modelo, porque ya lo han cambiado. No sé cómo es en el resto de países de “nuestro entorno” pero desde luego las leyes de su sistema de formación para las nuevas generaciones que dirigirán en el futuro, son más estables y ahí están los resultados.

Tanto cambio solo es fruto de la falta de diálogo y consenso entre los grupos políticos por lo que las leyes que han de favorecer  la calidad de vida futura, parecen estar más basadas en doctrinas ideológicas que técnicas. Esto significa, al menos, dos cosas: poco interés en el futuro y nula capacidad de consenso político que no tiene en cuenta que un estado no es democrático sí no dialoga con todos los actores afectados, ni tiene en cuenta a las minorías.
Sin entrar en sí técnicamente es buena ley o no, mi opinión es que atenta contra la libertad de elección del modelo formativo y contra los

colegios religiosos, los cuales, más allá de sus idearios y del ahorro económico para el propio Estado, demuestran calidad en el desarrollo integral de los jóvenes. 

Y mientras todo esto sucede, la Conferencia Episcopal, como siempre, sin defender lo que ha de defender. ¿Le asustará la X del IRPF? 

¿Adoctrinamiento, formación o interés político u otros?
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