sábado 8/8/20

Amor todo el año

pesar de que me resulta absolutamente cansina la implantación en España de toda festividad americana con diez años de retraso, debo reconocer que el haber elegido un día para celebrar el amor, me parece mucho más práctico que conmemorar la noche de los muertos vivientes o gastar en nombre de Papá Noel una cifra similar a la que poco después tendrán que desembolsar sus tradicionales majestades de Oriente, dejando las economías familiares arrastradas por los suelos.
Mientras que las manifestaciones del amor son para algunos una cursilada y para otros una fuente de felicidad, el señor Cupido vuelve a nuestras vidas cada catorce de febrero para tratar de levantar un consumo que todavía no se ha recuperado plenamente tras el despilfarro navideño. Así que, tanto el pequeño comercio como los grandes almacenes, tratan de promocionar-previo paso por caja- el estado de enamoramiento. Desde una flor con precio multiplicado, hasta un viaje a las Maldivas, pueden ser grandes regalos para según qué grado de romanticismo, presupuesto, pretexto e incluso conciencia.
Nuevamente los yanquis volverán a manejar nuestro consumo, por mucho que más de uno diga resistirse a sucumbir a estas modas, ya que hasta el más pintado tendrá que tener un detalle con su pareja aunque no sea más que un mensaje de texto en tono de sorna… Y es que a ver quién, con este acoso y derribo comercial, se atreve a hacerse el despistado ante esta festividad, por mucho que ambos miembros adopten la postura de considerar esta fecha una solemne horterada. Pero al margen del consumismo que viene intrínseco al catorce de febrero y que a los que tienen pareja les obliga soterradamente a demostrar un poco más de lo habitual- ya sea por temor o por amor-; nadie debería dirigirnos a la obligación fechada.
El sentirse amado por otra mitad –más allá de lo que pueda parecer– es y ha sido siempre el motor del mundo. Conseguirlo trae consigo, a pesar de algún traspiés, la tranquilidad de espíritu que todos precisamos para dedicarnos con esmero a otros menesteres mucho más terrenales. El amor es la paz necesaria para afrontar, la ilusión precisa para luchar, el proyecto presente que nos envuelve con ternura y el plan de futuro que nos aleja de las fauces de la soledad. Amar nos hace mejores, equilibra la balanza y deja desnuda la verdadera esencia de cada cual. Sin artificios ni disfraces. San Valentín volverá a visitarnos el año que viene. A buen seguro, para entonces habrá clavado nuevas flechas y roto algunas más. Volverá a sonreír burlón mientras obligará sin obligar a hacer algo diferente en su onomástica. Porque él es así y sabe que puede mover el alma o la voluntad de miles de personas en un abrir y cerrar de ojos… Pero ustedes, hagan lo que hagan este día, no olviden cuidar a su pareja y demostrarle su amor durante todo el año, porque he ahí donde radica la esencia del éxito y no en los regalos materiales.

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