Martes 18.12.2018

Cachita Núñez

Se acaba de morir Cachita Núñez, y creo yo que lo hizo con tino y muy a tiempo

De la memoria histérica

Leía yo hace días unas frases de Marañón, que ya conocía, dirigidas a Pérez de Ayala, como se sabe, junto con Ortega, los patrocinadores de la Agrupación al Servicio de la República, esa ingenua y optimista declaración cívica de intenciones

Ángel Oliver... y V.A.

Glosaba Vicente Araguas el pasado domingo, en este periódico, la personalidad literaria, y también humana, de Ángel Oliver

Melodía de arrabal y otros síntomas

Ahora, que es la calle la que marca la pauta, la que corona lo efímero, y lo circunstancial, con desparpajo de advenedizo,

La sociedad enredada

Lo pernicioso, triste y abyecto  de las redes sociales –esa lacra del progreso– es por evidente descripción en sí misma, el libre acceso que cualquiera, en su sentido más plano y literal

El damero del Gobierno

En la sociedad líquida que vino a describir Bauman, y antes otros como prefiguración

La blasfemia y el bufón

Hace unos días escuché, de modo circunstancial, cómo un individuo, con toda la apariencia de moverse con soltura en la cucaña más zafia de la política, pretendía hacer pasar el uso, y el hábito, de la blasfemia como una simple elección alternativa del sujeto

Peccata mundi

Cada vez más surge Ortega, el filósofo, claro, en tertulias y conversaciones,

Pasar por el ARCO de... Marta

Hay algunos nombres, la verdad, más de la cuenta, que habría que evitar pronunciar

Otra leyenda negra

Fue en el pasado mes de abril que escribí un artículo,

Del clamor de España

Y ahora qué, qué viene ahora, era de preguntarse, con inquietud explicable, con desesperación también, después de que el aquelarre del referéndum catalán no fuera evitado mucho antes de su consagración escénica, de su ceremonia de títeres

Artículo destacado

La extrema reacción

no que, claro, no está en esto de las reputaciones nobiliarias y sus enredos, aunque desde luego sí me parece que la genealogía en la historia acredita lazos y carácter, y conforma arraigos, y siempre adorna, pues que vengo estos días de asombrarme de algo que no sabía –virtuosa ignorancia que evita envidias- y que ya me gustaría a mí tener dispuesto al pie de mi torreón, ya lo creo, si tuviera…
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