martes 23.07.2019

Sonoro empeño

La sede de Afundación acoge desde octubre la muestra “Sonoro empeño”

La sede de Afundación acoge desde octubre la muestra “Sonoro empeño”, cuyo título se tomó del soneto de Alberti “A la pintura”: “A ti, forma, color, sonoro empeño...”. Se trata de una selección de 50 obras de sus colecciones, en la que se busca poner de relieve las relaciones entre pintura y música; ya sea como motivo inspirador, ya como trasvase de sensaciones entre ambas; este cambio de percepción de un sentido a otro se llama sinestesia; así, la música puede ser vista y el color puede ser oído, como nos explicó, en un curso de El Escorial, el científico Hoffman, quien, investigando el LSD, pudo comprobar, al escuchar “Las cuatro estaciones” de Vivaldi en compañía del escritor Junger, que los sonidos se convertían en color. 
Y, aunque la pintura es visual, hay, desde luego, o debe de haber en ella, un sentido del ritmo y de la armonía cromática que corren parejas con la composición musical; esto es visible sobre todo en la obra “Arpegios” de Rafael Úbeda, donde formas y colores vibran rítmicamente; un ejemplo clásico de esta relación es la obra de Kandinsky, máximo representante de la corriente plástica llamada Abstracción lírica, y cuyo cuadro de 1929 “Weisslich” (“Blanquecino”) está presente en la muestra. Y tal vez, de tener la percepción adecuada, podríamos escuchar vibrantes sonidos de agitado  jazz, en la obra de Abelenda “Homenaje al toro de Lecumberri”. Vibra también, en imparable danza de personajes e instrumentos que se entremezclan en cálido cromatismo, “La piel de la música”, de Xaime Quessada, a la que se adecuarían, quizá, los altisonantes sonidos de la ópera. 
En cuanto a los cuadros con motivos de música, hay que destacar “Bodegón con trompeta” de A. Tenreiro, atemperado en exquisitos grises; “Muchacha con violín” de Arturo Souto; “El piano” de Elena Gago; “Músico frente al mar” de Luis Seoane o los magníficos  y eglógicos dibujos de Isidoro Brocos  de Marsias, el fauno flautista.  El mundo popular de Galicia, con sus fiestas y danzas, aparece en los idealizados cuadros “Romería” y “Fiesta” de U. Lugrís, en los dibujos de Castelao, en “Foliada” de Roberto González  y en la impresionante y épica “Cencerrada”  de Laxeiro que suena a ritos  ancestrales de color tierra. 
El apartado de la música en la infancia nos permite descubrir una Elena Gago inédita, con su obra” Niños tocando la armónica”; nos lleva a los idilios de un mundo rural hoy desaparecido, con” Chico con ovejas” de Juan Luis López; o nos abre al amoroso sentir de Julia Minguillón con  “La educación de la infancia”; hermosísimo  es el cuadro de Laxeiro “Concierto”  en el que recoge toda la inocencia y la gracia de la niñez, en las redondeadas formas carnales de tres niñas. 
A destacar es “Escena popular gallega”, de folklóricas resonancias, del Picasso coruñés  de 1895. Cuadros de Menchu Lamas,  Eugenio Granell,  Luis Caruncho,  Pedro Solveira, A. Murado, J. Manuel Broto, Virxilio,  F. Criado, A. Pulido, C. Bóveda , C. Maño, foto de músicos de 1940 de Caamaño y esculturas de Susana Solano y Leiro completan este sonoro viaje.

Sonoro empeño
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