martes 24/11/20

Una de barcos y Ferrol

Ya es hora, de momento, dejar de comentar los tres virus que padecemos: el natural, el económico y el de los políticos y a propósito de cumplirse el quinto centenario de la primera vuelta al mundo hablar de barcos y astilleros, algo que toca de cerca a Ferrol.

En 1492 Cristóbal Colón descubrió el nuevo continente utilizando para ello tres carabelas, navíos de escaso porte y de origen portugués, lo que supuso un gran esfuerzo de navegación y marinos.

Ahora celebramos la terminación, en 1520, de la primera vuelta al mundo emprendida por Magallanes y culminada por Elcano.

En esta ocasión se emplearon cinco naos, también de origen portugués, pero de características más robustas y de mayor envergadura que las carabelas; aun así, la aventura no debió de ser tarea para inexpertos. De hecho acabó la misma un solo buque.

A mediados del siglo XVI, se impuso un nuevo navío, está vez español: el galeón, de mayores dimensiones, se podía utilizar tanto como barco mercante como de guerra, su rendimiento fue extraordinario y copiado por múltiples países.

 De 334 toneladas, 35 metros de eslora y 10 metros de manga. Su aparejo constaba, (además del bauprés) de trinquete, palo mayor y mesana. Prestaron servicio durante más de 150 años hasta la aparición de los grandes buques de línea, que por cierto son los que empezaron a construirse en nuestra ciudad con los famosos doce apóstoles ya en el siglo XVIII.

En el XIX, con la entrada de la máquina de vapor y la hélice; para competir con las nuevas tecnologías, los todavía convencidos de la vela, construyeron los Clíper, buques de menor manga, de mayor eslora y en consecuencia más mástiles y superficie vélica. En un principio compitiendo en velocidad con la propulsión mecánica teniendo en cuenta que estos últimos debían de hacer escalas para embarcar carbón. Lógicamente fue cuestión de tiempo la imposición de la máquina.

La historia naval es un continuo progreso de las técnicas de navegación, lo buques y por supuesto de los astilleros.

Los nuestros también evolucionaron; cascos de hierro, máquina de vapor, construcción por bloques, etc.

Ahora se debe dar otro nuevo paso, el ya muy leído pero poco avanzado astillero 4.0, que además de nuevos talleres, necesita imperiosamente pasar a la construcción en dique cubierto para poder competir con el resto de astilleros en calidad, ahorro de tiempo, y en consecuencia precio.

Los políticos tienen la palabra –el astillero es público– esperemos que esta vez no nos dejen en la estacada, repitiendo los fracasados intentos de reconversión de los años ochenta del pasado siglo. 

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