Miércoles 12.12.2018

¿Y para cuándo Ferrol?

Desde que se inició la que está siendo, por diferentes motivos, la calamitosa legislatura de Rajoy, las promesas incumplidas con nuestro astillero han sido muchas y no parece que la buena disposición de Feijóo durante todo este tiempo haya dado, por ahora, fruto alguno.

Desde que se inició la que está siendo, por diferentes motivos, la calamitosa legislatura de Rajoy, las promesas incumplidas con nuestro astillero han sido muchas y no parece que la buena disposición de Feijóo durante todo este tiempo haya dado, por ahora, fruto alguno.
Nos presentamos pues a las puertas del mes de septiembre sin nueva carga de trabajo alguna. Lejos quedan aquellas promesas de construir la sexta F-100, la posibilidad de hacer el dique flotante, o los contratos con Pemex que, por la razón que sea, no acaban de cristalizar. Envidia nos da la factoría de Cádiz, que se ha asegurado gran parte de su futuro durante los próximos ocho años, pues el mantenimiento de los cuatro destructores estadounidenses que se desplegarán a partir del próximo año en la base naval de Rota para formar parte de la estructura del escudo antimisiles de la Alianza Atlántica, dará mucho trabajo y dinero.
Digo yo que,  aprovechando, como según nos dice el Gobierno, el fin de la recesión, sería conveniente incluir en los próximos Presupuestos Generales del Estado una partida para la construcción de un nuevo buque de guerra para la Armada Española, que buena falta hace. Me viene a la memoria que, a finales del siglo XIX, los astilleros británicos, los más afamados del mundo, construían unidades de las clases más exitosas con fines especulativos; es decir, realizaban el barco y luego lo ponían en venta. En la coyuntura actual la Armada podría encargar su segundo buque de Proyección Estratégica, y si durante su construcción algún país mostrara interés por adquirirlo, se vendería y se pondría en gradas otro. Si no, pues la Armada podría disponer de otro buque muy necesario sobre todo a partir de la baja del portaaviones “Príncipe de Asturias”. Debido a que el “Juan Carlos I” no puede estar indefinidamente en la mar al necesitar como cualquier otro barco someterse a las oportunas obras de mantenimiento, tener sólo un buque de estas características significa tener uno, o ninguno. Si dispusiéramos de dos, se nos aseguraría que en todo momento, al menos uno de ellos, estaría operativo. Aviso a navegantes: mientras que nosotros racaneamos en Defensa, Marruecos va a recibir, si no ha recibido ya, su nueva fragata multipropósito de la clase “FREMM”.

¿Y para cuándo Ferrol?
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