Miércoles 21.11.2018

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La Armada, aunque la integramos (permítame la licencia

La Armada, aunque la integramos (permítame la licencia en mi condición de marinero honorario) miles de personas, es aún lo suficientemente pequeña como para que “todos sepamos de todos”, directa o indirectamente, por lo que nos basta establecer una pequeña conversación sobre mandos y destinos con cualquier compañero con el que nunca hemos coincidido, para que en breves segundos establezcamos la conexión que nos une lejanamente a él. 
En las Armas, como en la submarina, este sentimiento de “gran familia” es todavía (como es lógico) más acentuado, y por eso este sábado pasado sabía que algo malo había sucedido, al ver las varias “llamadas perdidas” que a mi móvil tenía de mi gran amigo el alférez de navío Diego Quevedo Carmona. 
Al ponerme en contacto con él me dio cuenta del suceso. El ferrolano capitán de fragata Javier Montojo Salazar, que se encontraba formando parte del equipo científico del buque oceanográfico “Héspérides”, había fallecido tras caer al agua de forma accidental en la Antártida.
Poco se sebe de las circunstancias de lo que parece ser un trágico accidente; sólo que fue visto por última vez sobre las 18.00 horas del viernes, y que el cuerpo fue hallado horas más tarde flotando en el agua.
Ni que decir tiene que, sin protección especial, sólo bastan veinte segundos para que,  sumergida en aquellos mares, nuestra sangre caliente quede congelada.
Ahora queda repatriar el cadáver, toda una odisea burocrática que espero que por el bien de los familiares, que lo esperan en San Fernando, haya finalizado hoy. También espero que cuando llegue su cuerpo, la ministra de Defensa lo reciba y le rinda los honores que merece. No me imagino menor reconocimiento para uno de los hijos de nuestra nación.
Montojo Salazar era un joven y brillante oficial de nuestra Marina que, destinado en la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa, se encontraba en el barco para participar en un proyecto científico sobre el funcionamiento del satélite “Galileo” en la Antártida.
Recordar que este sistema de radionavegación y posicionamiento por satélite es de gran importancia estratégica para Europa, pues con él podremos, con tecnología propia, independizarnos en 2020 del celebérrimo sistema norteamericano GPS. Quizás sea buen momento para reivindicar, una vez más la callada, silenciosa y abnegada labor de nuestros marinos. Servidores de la patria que aparte de anteponer casi siempre su vida profesional a la personal, a veces pagan con el tributo de su propia vida su entrega sin límites.
Descanse en paz.

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