domingo 15.12.2019

Alerta: expolio a la vista

La conocida como “Carrera de Indias”, como bien saben todos los amantes de la historia, nació con el fin de establecer un nuevo, regular y seguro flujo comercial para intercambiar productos y riquezas entre los territorios españoles (conformados administrativamente como virreinatos) del otro lado del Atlántico con la Península.  

En formación de convoy (a partir de la Real Cédula del año 1543), y protegidos únicamente por los buques “almiranta” (en vanguardia) y capitana (en retaguardia) – conocidos ambos escoltas con el ampuloso título “Armada de Guardia”-, zarpaban dos flotas de Sevilla (luego de Cádiz) en el mes de enero, y se dirigían una a Veracruz (Flota de Nueva España) y otra a Sudamérica (flota de Tierra Firme). 

Tras completar la descarga y carga de sus productos, las flotas se reunían en La Habana para emprender el viaje de vuelta a la metrópoli en el mes de septiembre.

El buque que motiva estas líneas es la nao “Nuestra Señora del Rosario”, que emprendería viaje de vuelta a la Península junto con otros muchos (ochenta y seis) buques integrados en la flota de “Nueva España” al mando del general Martín Pérez de Olozábal en septiembre de 1589.

A causa de un temporal, naufragaría a una distancia más o menos equidistante entre el Cabo Espichel y la playa de la península de Tróia (Portugal), cerca de la localidad de Setúbal. 

Del pecio se recuperaron muchos efectos y caudales, al menos, y según hay constancia en el Archivo General de Simancas, hasta el año de 1590, quedando a partir de aquel año sumido en el olvido. Si nos atenemos a lo que afirma el investigador Claudio Bonifacio en su libro “Galeones con Tesoros…” editado en el año 2009, del pecio faltan por recuperar unos 300.000 pesos en caudales, cosa que como es lógico despierta la codicia de los cazatesoros norteamericanos.

Ahora nos hemos enterado de que el gobierno portugués quiere hacer una prospección en él, y España, al ser el buque un mero mercante, no puede hacer nada para evitar su posible expolio, ya que según la legislación actual, sólo los buques de Estado son considerados inviolables.

¿Pero es que acaso no se puede demostrar que este bien mueble era propiedad de un español? Claro que sí, pues esta nuestra querida España puede tener muchísimos carencias, pero es la única nación actual que ha conservado casi en su totalidad su rico patrimonio documental, y referencias al buque se pueden encontrar tanto en el Archivo de Indias como en el citado Archivo General de Simancas.

Aunque la “guerra”, a priori y con los datos que manejamos, está perdida, no por ello debemos renunciar a plantar “batalla”, por lo que animo, llegado el caso, al Ministerio de Cultura, a emprender las acciones pertinentes en favor de nuestros derechos o, en su caso, estar en permanente comunicación con el gobierno portugués para explorar posibles vías de colaboración.

Alerta: expolio a la vista
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