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Rúa Publicista Saralegui

Redacción | Diario de Ferrol | 15 de abril de 2019

pedro gambón fillat

Hoy de nuevo vamos al Ensanche -si lo prefieren, podemos llamarlo barrio del Inferniño- para dar un corto paseo, porque la calle que vamos a recorrer mide algo menos de cien metros de longitud; es recta, en suave declive desde su inicio en la calle “Ministro Patiño” (de quien espero hablar pronto en esta sección) hasta su final en la Avenida de la Paz, de modo que su orientación es este-oeste, es decir, corre paralela a la carretera de Castilla.


Aún cuando la calle es corta, como ya queda dicho, ofrece unas notables particularidades: la acera norte -números impares-, está totalmente ocupada por solo dos edificaciones, un edificio de la Compañía Telefónica de unos sesenta metros de fachada y otro edificio de viviendas los restantes treinta y pocos metros. El edificio de la Compañía Telefónica está construido sobre un solar de forma rectangular -en esta calle está su lado de mayor longitud-, de novecientos veintiocho metros cuadrados, que fue de propiedad municipal y que el Ayuntamiento de la época vendió a la citada compañía el año 1968.


Si pasamos ahora a la otra acera -números pares- veremos que la ocupan cuatro edificios destinados a viviendas, si bien para el primero de ellos, (el número dos) es no menos de la tercera parte de la acera. Pero lo más notable no sólo de este lado sino de toda la calle, es que aquí se encuentra la entrada principal de la parroquia San Pedro Apóstol, entrada que da acceso, bajando unos pocos escalones, a un amplio, bonito y, sobre todo, acogedor espacio en el que se celebran las ceremonias religiosas propias de una parroquia. La parroquia de San Pedro Apóstol fue creada el año 1969, de manera que este año va a celebrar su quincuagésimo aniversario; en un principio estuvo ubicada en la calle Cataluña (en aquellos tiempos se llamaba Constantino Lobo), pero en el año 1979 se trasladó a su actual emplazamiento. El local se ha ido adaptando posteriormente para mayor comodidad de los feligreses; por ejemplo, hace seis años se construyó una rampa interior para facilitar su acceso a las personas que se desplazan en silla de ruedas; a ella se llega por la otra entrada del templo, la situada en la calle Ministro Patiño.

La jurisdicción territorial de la parroquia va del edificio biblioteca municipal de la Plaza de España esquina con la Avenida de Compostela (o de la estación), a la Avenida de la Paz, y de la Carretera de Castilla a la vía del ferrocarril.
Ya hemos conocido y recorrido esta vía pública ferrolana, de modo que la segunda parte de este artículo va a estar dedicada al nombre que lleva: Publicista Saralegui.
Puedo anticipar, como introducción, que la persona a la que se quiso honrar de esta manera –don Leandro de Saralegui y Medina– sí merece sobradamente este honor, pero referirse a él simplemente como “publicista” es desconocer la verdadera talla humana, profesional e intelectual del personaje.


Situemos en primer lugar el marco temporal en el que transcurrió su vida; nació en Tui (Pontevedra) en el año 1839 y murió en Ferrol en 1910, lo que significa que la mayor parte de su vida, especialmente la etapa profesional, discurrió a lo largo del convulso siglo XIX. Si ese fue el marco temporal, el escenario profesional fue el propio de un oficial de la Armada, y más concretamente del cuerpo de Intendencia, cuya misión dentro de la Marina es la gestión económica (financiera y de material).


El comienzo del siglo XVIII es uno de los grandes momentos de cambio en la historia de España con la llegada de la dinastía Borbónica al trono, lo que supuso, entre otras importantes medidas, la creación de una Marina de Guerra de carácter permanente, y, dentro de ella, de un cuerpo encargado de la gestión económica, actividad imprescindible para el correcto funcionamiento global de la institución militar.

Los integrantes de este cuerpo, tuvieron en sus inicios unos cometidos específicos que han ido variando a lo largo de los tres últimos siglos, como también lo han hecho sus uniformes, denominación de los empleos de sus componentes, métodos de trabajo, etc., que, obviamente, no pueden ser relatados en un artículo periodístico, pero el lector interesado puede encontrar si consulta la excelente obra titulada “La Intendencia en la Armada”, de la que es autor Juan Antonio Rodríguez-Villasante Prieto, y de la que he tomado gran parte de lo que aquí se expone de la vida profesional de Saralegui Medina, quien, por cierto, también fue autor, entre otras muchas obras (de las que más tarde citaremos alguna), de un libro titulado “Historia del Cuerpo Administrativo de la Armada”, impreso en Ferrol, en la imprenta de Ricardo Pita, de la calle Real, el año 1867.

Creo que es procedente en este momento hacer referencia a otro Saralegui, don Leandro Saralegui Fernández Núñez, también intendente de Marina, primero de una dinastía de intendentes, y padre de Saralegui Medina.

Navegar por el proceloso mar de la política y en concreto en el campo económico, sería un atrevimiento por mi parte intentarlo siquiera, pero bueno será señalar el difícil trabajo que debió de ser el que desarrolló Leandro Saralegui Medina en tiempos en que “se planteaba la necesidad de independizar la administrativa de la política”, como dice Rodríguez-Villasante en la obra antes citada.

Sirva todo lo hasta ahora aquí expuesto, para constatar que la actividad fundamental en la vida de Saralegui fue la que correspondía a un oficial de la Armada perteneciente al cuerpo de Intendencia (en lenguaje de hoy), cuerpo en el que llegó a alcanzar el puesto superior: “Intendente General de la Armada” en enero de 1903, puesto que desempeñó en Madrid hasta 1905, cuando tuvo que ser relevado por motivos de salud, momento en el que se trasladó a Ferrol donde pasó los cinco últimos años de su vida.


Pero sí es cierto, que al margen de su vida profesional, Saralegui dejó una extensa y muy valiosa producción literaria, histórica y de investigación en campos variados; sirvan como ejemplo los siguientes títulos: “Informe sobre el Convento de Santa Catalina de Montefaro” (Ferrol 1900); “La futura historia de Ferrol” (1901); “Estudios sobre Galicia” (1888); “La cuestión obrera en Galicia” (1893); “El feminismo en Galicia”. Sobre una mujer que sirvió como grumete en la Armada a fines del siglo XVIII” (1902); la relación de sus trabajos periodísticos sería muy larga y su temática muy variada. Desde este punto de vista, se comprende el título de “publicista”, pero siempre que no olvidemos el conjunto de su biografía profesional.

Una vida tan fecunda tanto en el ámbito militar como en el literario, forzosamente tenía que ser reconocida oficialmente, y así fue; condecoraciones, galardones y recompensas; a título de muestra, puede señalarse que fue miembro fundador y académico de número de la Real Academia Gallega, correspondiente de la Academia de Historia, miembro de la Sociedad Económica Matritense, socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País de Filipinas, etc. etc.

En uno de los trabajos que publicó un ilustre ferrolano, Manuel Comellas, al dedicárselo a don Leandro de Saralegui lo calificó de “príncipe de la república de las letras”.
En muchos de los campos de investigación a los que dedicó sus esfuerzos, especialmente en el ámbito del regionalismo liberal, Saralegui sigue siendo hoy un referente obligado.


Falleció en la tarde-noche del viernes diez de octubre, en el segundo piso de la calle Canalejas número 62, viudo de doña Guadalupe Amado. Dejó tres hijos, un varón y dos mujeres.

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