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Noé, prepara el arca

Carlos Marcos |

Carlos Marcos | 01 de agosto de 2020

Si no nos extinguimos será por castigo. Cuando escribo esta columna recibo tres informaciones que juntas resultan difíciles de digerir. Nuestro PIB a decrecido en el primer semestre por encima del 20%, imágenes de jóvenes pasándose por el forro todas las medidas preventivas contra el Covid y nuestro gobierno no consigue reunir a todos los presidentes autonómicos ni para tratar la salida de esta crisis que ya nos asfixia, es decir, no existe una autoridad en España capaz de sentar en una mesa a todos los responsables políticos que habrán de sacarnos del atolladero. Viendo la cara del presidente Sánchez, la parte que nos deja ver su mascarilla, da la impresión de que recibe mensajes de preocupación sobre la pandemia y también sobre la economía. Su mirada lo retrata, parece querer preguntar: ¿a qué estamos, a pandemias o a economía? Pues a las dos presidente. Si la pandemia ya se llevó por delante a más de 45.000 españoles, el desastre económico se llevará a muchos más y me temo que de nuevo serán tratados como números fríos que no revelan la profundidad del dolor que estamos sufriendo. Digan lo que digan los voceros del optimismo oficial, la clase media española está destruida y con ella la paz social que se necesita para iniciar cualquier recuperación. Millones de familias rozan la pobreza y los comedores sociales cuentan por millones a sus clientes, los parados superan los cinco millones y los autónomos agonizan mientras organizan los funerales de sus negocios sobre los que pesa la amenaza de cierre definitivo en los próximos meses. Las universidades son fábricas de parados y ya no tienen esperanzas ni lejos de su tierra para encontrar un trabajo. El cálculo de ocupas ilegales supera el millón y campan a sus anchas buscando, cada vez más, hogares con jardín y piscina y con suministros gratis, los propietarios ven con impotencia como la justicia lenta y tardía no resuelve su situación. Este panorama, fiel reflejo de una dura realidad, es aderezado con debates estériles que ocupan los telediarios para el entretenimiento de una sociedad que calla y lucha por su propia supervivencia. Una comparativa sencilla con otros países que han pasado procesos similares, nos anuncia pobreza sobrevenida y cuando un país tiene más “empleados” con cargo a las cuentas públicas que en el sector privado apunta a quiebra por falta de generación de riqueza. Gastamos más de lo que ingresamos lo que dispara el déficit y los costes del pago de las deudas y la solución que nos anuncia el gobierno pasa por mayor carga fiscal, lo disfrazan con atractivos titulares, “impuestos a la riqueza”, “a las grandes fortunas”, titulares que parecen alejarnos a los mortales comunes de mayor presión fiscal, pero son solo subterfugios literarios que se traducirán en incrementos de IVA, de carburantes y de impuestos que afectan directamente a nuestros bolsillos porque son estos los impuestos que recaudan de verdad, el elefantiásico estado que nos han montado hay que mantenerlo y cada vez que se asoman a nuestras casas a través de las televisiones es para anunciarnos más gastos, sobre los ingresos ni mu. El mundo global mal medido que tenemos, facilita que empresas y “ricos” puedan moverse de un país a otro con darle a dos teclas de un ordenador, nosotros, los paganos de a pie, estamos amarrados aquí y seremos los que acabaremos pagando esta fiesta. Pagamos con nuestras vidas y la de nuestros mayores la inexplicable gestión de esta pandemia de origen desconocido y pagaremos con nuestro sudor la factura de las deudas del estado. Imagino que usted al leerme pensará que soy un pesimista empedernido, pero no es verdad, acaso un realista inoportuno, pero tengo esperanza. Pasa, eso sí, porque Dios encargue a otro patriarca la construcción de un arca y, además de animales, embarque a gente normal, que pueda repoblar un mundo que, entre todos, nos estamos cargando.
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