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Bienvenida, eutanasia

Ramón Veloso |

Diario de Ferrol | 14 de febrero de 2020

ay que tener mala baba. Insinuar que el Estado español podrá deshacerse de ancianos y desahuciados para ahorrarse el gasto público en pensiones, atención a la dependencia y prestaciones sanitarias es acusarlo, veladamente, de la barbaridad de cometer crímenes de Estado. Si no qué otra cosa se desprende de las intervenciones de los diputados del PP y Vox, Echániz y Méndez, respectivamente, acusando el popular al ponente de la proposición de ley para ayudar a morir a personas con una enfermedad grave e incurable de impulsar el suicidio asistido y la representante de la extrema derecha de regularizar el derecho a matar para facilitar el homicidio asistido.
Según el diccionario de la RAE, la eutanasia es la intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura y, clínicamente, la muerte sin sufrimiento físico. Por tanto, no estamos ante un crimen, estamos ante una acto de humanidad. 
Actualmente, nos encontramos con una situación de clandestinidad de las personas que desean poner fin al sufrimiento del malvivir, llegando a estar acusados penalmente sus seres queridos que les ayudan a rematar su penitencia cuando no lo pueden hacer físicamente por sus propios medios, aunque su cabeza lo anhele.  
Estamos ante un acto voluntario de compasión con uno mismo sin comprometer a nadie, sin obligar a nadie. 
El Estado solo tiene que estar, primero, para garantizar al paciente y sus familiares amparo legal y, luego, cobertura asistencial social y clínica para morir con dignidad. 
Como en otros temas, la eutanasia tiene vertientes morales y filosóficas, religiosas, jurídicas, clínicas o política para abordar el problema real de las personas y familias que sufren el día a día de enfermedades incapacitantes que llegan a degradar la propia existencia. Ahora bien, las querencias morales y religiosas de unos cuantos no pueden mediatizar los deseos de los ciudadanos de una sociedad democrática avanzada.
Antes fue el divorcio, gracias al que se facilitó recuperar la vida a los ex cónyuges. Luego, el aborto, ultima estación de solución a embarazos no deseados. Más adelante, el matrimonio entre personas del mismo sexo para normalizar jurídicamente la convivencia de las parejas de hecho que así lo quieran. Ahora, le toca a la eutanasia para garantizar morir con dignidad, que también es una parte de la vida. Como es habitual, se oponen los de siempre. Como suele suceder, la van abrazar por la vía de los hechos.
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