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Siempre con los médicos

los profesionales sanitarios, que se dejaron el alma y en ocasiones la vida luchando contra la pandemia, no se merecen el trato con que se les paga por parte de la administración y de la sociedad. En el caso del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso está situación viene de lejos. La Consejería de Sanidad, en manos de Enrique Ruiz Escudero, practica la mano militar para gestionar los destinos de los sanitarios que tienen contratos temporales. No hay más que recordar cómo se dotó de médicos y enfermeras el nuevo hospital Zendal en plena crisis del coronavirus: “O aceptas el traslado o a la calle”.
 

Los médicos de familia, esos que ven más de cuarenta pacientes cada día en los ambulatorios, llevan años quejándose de las pésimas condiciones laborales que soportan. Así pasa que, cada vez hay menos candidatos a practicar la especialidad y, aquellos valientes que acaban el MIR, prefieren optar a una plaza en otra Comunidad Autónoma mejor pagada y con menos enfermos, fundamental para ejercer bien su labor.
 

Se entiende pues que, hartos de quejarse en el vacío y como colofón al “experimento” de reabrir las urgencias extra hospitalarias sin personal, hayan decidido ir a la huelga. Teniendo en cuenta que nos estamos jugando la salud lo menos que puede hacer la ciudadanía es apoyarles. Entre otras cosas porque la falta de relevo generacional va a llevar al colapso a la medicina primaria en cuanto se jubilen (y muchos están al borde) los que ahora siguen al pie del cañón. En lugar de acusar a los médicos de “activismo político”, la presidenta de Madrid debería poner orden en la gestión de la sanidad pública y abordar las razones que han llevado a dimitir a los responsables de áreas fundamentales. Porque lo que está consiguiendo estos días, con diatribas contra todo aquel que no sea de su cuerda, es envenenar más el ambiente. Nunca el PP ha sido muy partidario de la sanidad pública y tantos años de gobierno de la derecha en Madrid se notan en el deterioro de los centros de salud. No hay más que recordar el entusiasmo de Esperanza Aguirre por la construcción y posterior privatización de hospitales en la periferia madrileña.
 

Pero, si algo ha demostrado la terrible pandemia de los últimos años, es que sin una solvente red de hospitales públicos el pavoroso número de muertes (especialmente alto en Madrid) se habría multiplicado por mil. Las elecciones están a la vuelta de la esquina y el descontrol sanitario no es una buena imagen de gestión. Menos declaraciones altisonantes y más ponerse a la tarea de resolver un problema causado por años de abandono.

Siempre con los médicos

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