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Rajoy, selección

Lo peor del mundial ya lo dirán los especialistas, pero lo mejor del Mundial ha sido Mariano Rajoy, sin duda alguna. Al expresidente lo que le gusta de verdad es el deporte, especialmente el fútbol y el ciclismo. Sobre todo, visto por televisión porque cansa menos También lo practica, recuerden la persecución de una reportera cuando durante el COVID se saltaba el confinamiento para hacer eso que llaman running. El más que correr, caminaba rápido. Siempre corre rápido. Pero no me quiero desviar. Sus artículos en el diario digital “El Debate” comentando las actuaciones de la selección en este Mundial desdichado, han sido lo mejor del campeonato. Solo han sido cuatro y cortos, un par de párrafos, tres como mucho -no como algunos columnistas que parece que no sabemos terminar el artículo- y contundentes. Conoce el asunto con profundidad -le ha dedicado mucho tiempo, incluso en su vida política-, sabe a lo que hay que jugar y sería un relevo perfecto para salir del fiasco de la etapa Luis Enrique -que tienen futuro haciendo streaming en la nueva tele de Pablo Iglesias, por ejemplo- y evitar la discusión sobre su sucesor.
 

El artículo que escribió tras el primer partido, 7-0 a Costa Rica, ya apuntaba visión: “Casi insuperable” -no se superó-, pero ojo, añadía, “aquí no hay enemigo pequeño” y “Alemania es siempre Alemania”. Era difícil decir algo más, al menos hasta el segundo partido, el del 1 a 1 con los germanos: “Alemania me ha dado la razón”, escribió para añadir que “aun perdiendo con Japón, España puede clasificarse. Y hay que ser optimistas porque ser cualquier otra cosa no sirve absolutamente para nada”. Irrefutable. Pero ya mencionaba, como sin darse importancia, un toque técnico en el que insistiría en otro artículo: “hay que pensar que si el balón está en el área del otro, no te van a meter un gol”. Inapelable, salvo que haya un contraataque y te cojan dormido en al área del otro. Perdimos con Japón y Rajoy no perdió la esperanza: “Aún queda mucha música. De momento estamos en octavos de final y conviene saber dónde estamos exactamente”. Irrefutable. Y sobre los posibles rivales en los cruces de octavos, decía: “¿Cuál es más difícil? Vaya usted a saber”. Tras perder con Marruecos, Rajoy escribe aún bajo el impacto de los penaltis: “las cosas son como son. No voy a reprochar nada a nadie porque no es mi papel ni me parece procedente hacerlo. Además, estoy seguro de que habrá una legión de voluntarios para hacerlo”. Y se despide a la gallega: “un abrazo para quien quiera recibirlo”. Sin querer molestar a nadie. Sublime.
 

Rajoy sería un excelente seleccionador y devolvería la ilusión a la afición. Además, encontraría una ocupación que le divertiría mucho más que la política o los Registros. Y sus ruedas de prensa serían geniales. Aceptaría las críticas con una sonrisa y lanzaría mensajes como los que ya pronunció estando en política: “somos sentimientos y tenemos seres humanos”. O esa otra de “es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”. Más directo y más claro aún que José Enrique, pero más elegante.
 

Escribo de esto hoy porque me da vergüenza ver el comportamiento de la clase política que ni siquiera es capaz de celebrar la Constitución como se merece. Sánchez dispuesto a cambiar el delito de malversación porque si no, no sigue en el Gobierno y sus ministros, algunos jueces, diciendo que les parece bien. Los de Podemos, Izquierda Unida y Sumar a navajazos. Vox contra todos. Lo de Ciudadanos roza si no supera el esperpento. El PP no se sabe dónde ir.

Rajoy, selección

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