En lenguaje coloquial se usa mucho la expresión “más terco que una mula” para significar que una persona es obstinada, que no cambia de parecer aunque haya argumentos convincentes para hacerlo.
Mezclen la terquedad con una dosis de ignorancia y soberbia y tendrán el perfil de la ministra de Igualdad y del Gobierno y su presidente cómplices, que llevan tres meses viendo como jueces -y juezas- que no son fachas ni machistas, rebajan las penas a cientos de delincuentes sexuales y excarcelan a otros aplicando la ley “solo sí es sí”, que no quisieron corregir. Entre los excarcelados, el violador de Zamora -su exmujer tuvo que marchar del pueblo- y el violador de Lleida que atemoriza a los ilerdenses.
Escuché en una cadena de radio la agria discusión entre Carmen Calvo y Pablo Iglesias y la ex vicepresidenta dijo que en el Gobierno se sabía que la ley del “solo sí es sí” tenía errores pero “se respetó y apoyó a la ministra de Igualdad cuando dijo mi ley es esta”, pese a las advertencias del entonces ministro de Justicia.
En esa tertulia, el ex vicepresidente Iglesias sentenció que “si Pedro Sánchez pacta la ley solo si es sí con el PP, lo pagará”. El abanderado del feminismo prefiere mantener la chapuza de una ley que permitió disminuir la pena a más de 400 delincuentes y excarcelar a una treintena -y subiendo- que reformarla, rehacerla o derogarla para proteger mejor a las mujeres.
Las mentes preclaras del gobierno de coalición semejan ser un grupo de políticos que se dicen progresistas y son más tercos que las mulas por no querer corregir esta ley. Aunque ahora parece que el Gobierno -sector socialista- se decide a hacerlo “con rigor,” dijo Bolaños (faltaría más), consultando a catedráticos y expertos para evitar estos “efectos no deseados”.
¿Por qué ahora? “Nada ocurre sin una razón suficiente”, dice este principio filosófico que tuvo en Leibniz su principal promotor y difusor. Y la razón suficiente para corregir hoy esa ley son dos. La primera, que el goteo de rebajas de delitos y excarcelaciones son demoledores para el Gobierno y el partido que lo sustenta a tres meses de las elecciones.
La segunda es “inmunizar” al presidente. Hace unos días publicaba El Debate las duras críticas del Financial Times por esta ley que “pone en libertad a delincuentes sexuales e indigna a los ciudadanos”. E deterioro de su imagen en el exterior, que tanto cultiva, le lleva a ordenar corregir la norma para evitar el daño reputacional a su persona. Es triste que le preocupen más los efectos electorales de la ley y su vanidad que las consecuencias para la integridad de mujeres.
Mientras, Montero sigue convencida de que la ley no tiene fallos, el problema son los jueces. ¡Asombroso!