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Las palabras y los gestos

l Gobierno puede estar contento. Los presupuestos han salido adelante y la legislatura está garantizada hasta el final del calendario salvo que el Presidente decida otra cosa. El Gobierno está satisfecho y es lógico, pero para la mayoría de los ciudadanos, el clima político se está haciendo irrespirable, agotador y nada edificante.


No son en absoluto edificantes, además de torpes, las palabras de la diputada de Vox hacia Irene Montero, que naturalmente hay que condenar como no se condenó, por ejemplo, cuando Pablo Iglesias dijo que Ana Botella llegaba a la alcaldía de Madrid por ser esposa de Aznar o cuando a Isabel Diaz Ayuso se le llama idiota (Ida) y hace nada asesina a voz en grito. Estos comentarios machistas, de pésimo gusto, por desgracia, no son nuevos pero sí deberían ser los últimos.


No se puede ni se debe emponzoñar el debate político con descalificaciones personales, máxime cuando sirven para desviar el debate de fondo. Vox se lo debe hacer mirar, debe asumir otro estilo de hacer política y, en concreto, los de Podemos deben abandonar esa prurito de soberbia de modo y manera que quien no está de acuerdo con ellos el calificativo más suave que reciben es que son fascistas, machistas o forman parte de un contubernio, cuando en realidad solo son adversarios políticos.


La misma receta se debe aplicar a VOX. Mientras no aprendan a debatir sin caer en soflamas que a nada conducen no deben sorprenderles algunas de las justas críticas que se le hacen.


Las palabras no se las lleva el viento. Con la palabra se ejerce la política, con la palabra se acuerda y se discrepa y con la palabra la persona que la pronuncia se autodefínete. Pero cuando la palabra se degrada, se degrada todo y es ahí cuando el clima político se convierte en irrespirable. Si hacemos un poco de memoria habrá que admitir que VOX no ha inaugurado este mal estilo. Un breve repaso a la hemeroteca indica hasta que punto Podemos inauguró un estilo de hacer política tan poco edificante como el de VOX.


Pero en el debate político no solo hay palabras. También hay gestos y el último realmente llamativo son las risas, nada menos ,que del Presidente del Gobierno en el cara a cara con Núñez Feijoo en el Senado.


Mientras el líder de la Oposición hablaba, sin lanzar insultó personal alguno, el jefe del Ejecutivo se partía de risa desde su escaño. Ignoro si se reía de su adversario o era una risa de desprecio o de soberbia. En cualquier caso destilaba autosuficiencia y mala educación dando una imagen muy distante del respeto institucional al que él es el primer obligado a preservar.


Bueno sería que nuestra clase política pusieran especial énfasis en llegar a un acuerdo de buenas maneras, eso que los que ya tenemos cierta edad, llamamos buenos modales que no están reñidos con el necesario debate político y las lógicas discrepancias que se producen en cualquier democracia que se precie de serlo.


La democracia es liturgia y es, sobre todo, conversación. Cada cual elige con quien conversa y para que y serán los electores quienes libremente juzguen en las urnas pero si esta conversación se pervierte con gestos y palabras que objetivamente la dañan, el clima se vuelve antipático, cansino y decepcionante.


O se lo toman en serio o los electores se quedarán en casa. Ellos verán.

Las palabras y los gestos

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