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¿El culpable? Putin, claro está. O no tan claro

Este fin de semana, una nueva serpiente de pre-verano sacudió los círculos políticos y llegó hasta los mítines de la campaña andaluza: el culpable del estallido –muy mal recompuesto a base de parches raros– de la relaciones con Argelia ha sido... Putin. No la desastrosa gestión del tema por parte del Gobierno español, no las amenazas de Marruecos, no la prepotencia del califato argelino, no. Putin.

El equipo de Pedro Sánchez, que anda en pleno desconcierto desde hace ya un par de meses con todos estos temas de espionaje “Pegasus”, de volantazo obligado –vaya usted a saber por qué o por quién–, en el tema saharaui, de pérdida de prestigio de los ministros más prestigiosos, valga la redundancia, se ha abrazo como una lapa a la “tesis Putin”: el malvado oligarca –que obviamente lo es– quiere desestabilizar el sur de Europa y emponzoñar la “cumbre” de la OTAN y ha azuzado el enfado de Argel con España, alineada ahora con Estados Unidos (y con Francia, y con Marruecos) en el espinoso tema de qué hacer con el Sahara. Una explicación geoestratégica poco convincente, la verdad.

Que no digo yo que Putin no quiera desestabilizar el sur de Europa (y el norte, si puede) y poner palos en las ruedas de la inminente “cumbre” atlántica de Madrid. Lo que digo, como lo afirmo en tantos otros rumores descontrolados que siembran el campo de minas “fake” –lo que haya o no haya en el teléfono “pinchado” de Sánchez, por ejemplo– es que no hay pruebas.

Que el hermético ministro de exteriores ruso, Lavrov, y que el venezolano Maduro hayan viajado recientemente a Argel no me parece tan contundente para explicar el cabreo argelino con España como la actuación tan “amateur”, vamos a decirlo así, del Ejecutivo español. Que ha tenido que acudir presuroso, con Albares incluso desertando de la “cumbre de las Américas”, en busca de la ayuda frente a Argelia de la “UE de Ursula von der Leyen”, que es donde, hay que reconocerlo, Pedro Sánchez está triunfando ampliamente.

Y una cosa es que el neo zar ruso trate de echar sal a las heridas de España cada vez que tiene oportunidad para ello y otra que se le pueda utilizar como pretexto ante lo que ha sido, sin paliativos, una mala gestión diplomática y peor aún política. La semana que entra, que es la de la recta final en las cada vez más importantes elecciones andaluzas y que, por eso mismo, apenas registrará actividad parlamentaria, será la previa a esa reacción política en cadena que, en función de lo que dictaminen las urnas en Andalucía, acelerará tantas cosas y obligará a tantas explicaciones.

En la derecha, en la izquierda y en el centro. Y no, de mucho de lo que pase no le podremos echar la culpa a Putin, culpable indiscutible de tantas atrocidades, pero que, en el caso que nos ocupa, me parece que ni siquiera como comodín nos sirve.

¿El culpable? Putin, claro está. O no tan claro

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