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Conjunción de silencios (y III)

Nuestra Señora de la Vega lo hizo de manera ejemplar en su piadoso recogimiento. Igualmente, Quevedo, ha interpretado la voluntad divina en su vida y en su misión, con aquella inolvidable frase célebre: “Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan”. De igual modo, hoy sus vecinos saben que entrar en sintonía con el órgano histórico, ubicado en el glorioso templo de Nuestra Señora de los Olmos, es como regresar al edén y alargar la vida.


En consecuencia, en la poética de los sonidos gestados en Torre de Juan Abad, son muchas las luces que se encienden, lo que nos permite comunicarnos con el más allá, a través de los imperecederos conciertos, que nos alientan el recordarlos.


Hoy más que nunca, necesitamos quitarnos piedras de nuestro interior, abrirnos a otros abecedarios que vayan directos al alma, embellecernos por dentro y por fuera. Por eso, este tipo de recitales ubicados en este paraíso que continúa siendo señorío del verso y la palabra, del buen sentir y mejor obrar,  toca ayudarnos a despertar, a vivir y a desvivirnos entre todos y por todos.


Desde luego, los múltiples artistas de este legendario momento actual, de igual forma los oyentes que acuden deseosos de escucha, seguro que han comprendido lo que la belleza, la música y el arte, que hasta germina por las propias calles del lugar evocando los ecos de sus armonías, cuestión que nos permitirá asombrarnos, conocer la realidad divina. Interpretar esta situación es esencial para el mundo de hoy, que no conoce más que tensiones y guerras, incertidumbre y colapso.


Sin duda, andamos hambrientos de estas expresiones que nos trascienden y nos encienden la fuerza de la auténtica pauta de quietud e inspiración. Seguro que estos conciertos crean vínculos entre sus gentes y hacen memoria, no solamente de forma pasajera por un estremecimiento efímero, sino inculcando las grandes ideas que vierten las notas musicales, que no son otras que paz y amor.

Conjunción de silencios (y III)

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