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Cambios y situaciones

En este deambular personal de unos aproximadamente noventa años de duración llamado vida, la mayoría de las personas vamos saltando de oca a oca, o lo que es lo mismo, pasando situaciones de preocupación o dificultad, mientras nos afanamos de forma incesante en el intento de que estas concluyan para, así, llegar a una etapa de reposo o bienestar hasta la siguiente tirada.

Y, entre lamento y lamento, rogamos porque una determinada situación cambie, sin darnos cuenta de que quizás esta irrumpió para cambiarnos a nosotros. Probablemente, si fuésemos capaces de entender que todo lo que nos sucede tiene un porqué, no atravesaríamos los desiertos pensando en los posibles oasis, sino disfrutando en la medida de lo posible de un camino que ha surgido para mejorarnos como personas. Antoine de Saint-Exupéry escribió El Principito, su obra maestra, a raíz de un accidente de avión que lo llevó a realizar un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara y a sobrevivir durante cuatro días sin apenas alimentos, ni agua y siendo pasto de alucinaciones visuales.

Gracias a esta traumática experiencia, ocho años después, vio la luz uno de los libros más imprescindibles de la historia de la literatura.

Si el anteriormente mencionado escritor no hubiera sufrido semejante percance, jamás habría plasmado por escrito la historia de un pequeño extraterrestre de pelo dorado envuelto en una angustia vital por regresar a su planeta con el único fin de rescatar a su flor más querida. Un relato plagado de matices humanistas que debería ser de lectura obligada en todas las escuelas. En definitiva, que hasta de las circunstancias más adversas se pueden sacar maravillosas experiencias si no nos dejamos devorar por el miedo y somos capaces de aceptar aquello que la vida tiene reservado para nosotros cuando, tras hacer todo lo posible por lograr nuestros anhelos, surge lago que los tuerce pero que, sin embargo, no depende en exclusiva de nosotros.

Así que, en mi humilde opinión, es importante que peleemos con uñas y dientes por aquello que deseamos, pero también debemos ser muy conscientes de que por el camino pueden surgir complicaciones insalvables por parte de terceros que nos aboquen a tener que abortar los planes trazados o, al menos, que nos lleven a tener que reinventarlos.

Como bálsamo reparador o, quizás, preparador, les recuerdo que lo que sucede suele convenir; incluso cuando en un primer momento no se vea clara esa conveniencia, créanme que sí lo hace.

Y el pensar esto repara y prepara. Es como una especie de cobijo, fe o abrigo que nos resguarda de la idea de que nuestro barco se está yendo a la deriva. Por el contrario, es necesario aceptar las situaciones y estar preparados para posibles cambios en la hoja de ruta, que muchas veces acabarán llevándonos a otros puertos y, otras, puede que incluso nos lleven exactamente al lugar que queríamos, pero de un modo mejor, aunque tenga que ser dando antes un conveniente rodeo.

Cambios y situaciones

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